Sandrino Castec: No quise cambiar la camiseta, me la traje por el gol

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El autor de una antología habló en exclusiva con CiudaddelDeporte.com. Aquí le presentamos al amo de una chilena inolvidable.

DIECIOCHO DE SEPTIEMBRE DE MIL NOVECIENTOS OCHENTA. Estadio Provincial de Mendoza. Cuarenta mil hinchas presencian el cotejo entre el campeón del mundo y el submonarca de América, y, especialmente, a un astro de menos de veinte años: Diego Maradona. Fue la noche en la que la zurda de Manuel Rojas -que armó una ramada en el área albiceleste-  opacó a la del crack trasandino y en la que SANDRINO CASTEC MARTÍNEZ grabó un empate a dos con una chilena en Fiestas Patrias. La noche en que la empanada fue más gustosa y la cueca se zapateó como nunca con la obra del “Bombardero Azul”, dibujada luego de la maniobra maradoniana de “Rojitas”, el 10 patrio. Hágame esa, chilena en 18 de septiembre…

La CIUDAD DEL DEPORTE DE CHILE quiso conmemorar esta efeméride y qué mejor que junto al primer actor, el “Bombardero de la Nación” que no perdonó a los dueños de la Copa Mundial. Junto al ex ariete que abrió los ojos el 18 de junio de 1959 en el Hospital San José de Independencia. El retoño de María Martínez Leal y de Sandrino Castec Viera, y esposo de Carmen Gloria Guajardo y padre de su homónimo, detalla: “Tengo un solo hijo, Sandrino, de 19 años. Y no me vas a creer, tengo un primo que fue crack, Pedro Araya Martínez -el ’Chico’ Araya-, puntero derecho del ‘Ballet Azul’ y de la Selección”.

La cita ya comenzó en el Polideportivo de Ñuñoa, donde nos acogió primero el siempre gentil y alegre Marcelo Pacheco, otrora zaguero de Colo Colo, Naval, la “U” y de la Roja. “Y de Everton”, complementa. “El ’89 estuve en Viña, es muy rico jugar y vivir allá. Un sueño. Dame el teléfono de (Luis) Marcoleta, jugué con él en Antofagasta. Te aseguro, va a subir a Everton a Primera”.

Se entusiasma Sandrino con la CASA DEL DEPORTE en la oficina de Vladimiro Mimica Guerrero, encargado de prensa del deporte ñuñoíno e hijo del “Cantagoles”, el prestigioso relator Vladimiro Mimica Cárcamo. Da rienda suelta a su verbo frente a un interlocutor que le toca fibras y momentos cumbres: la U, la Roja, duelos con la UC, con el Colo Colo de Carlos Caszely, Severino Vasconcelos, Carlos Rivas, Ramón “Mané” Ponce… “Mis papás vieron una película italiana llamada ‘El ferroviario’ y el protagonista era un niño llamado Sandrino. De ahí mi nombre”, amplía.

Te formaste en Universidad de Chile, Sandrino. ¿Cómo llegaste, cuándo…?

Tenía catorce años, antes me llevaron a Unión Española. Llegué a Santa Laura, me pifiaron y me fui. Después me ofrecieron ir a Colo Colo, dije no, si no es la U no es nada. Y un amigo del colegio Manuel de Salas me avisó que había prueba de jugadores. Había más de 500 niños y quedamos tres. Dante Pesce era el técnico de la juvenil…

A las dos semanas de entrenar, jugué contra el equipo profesional en el estadio Recoleta. De puntero derecho. Hablo del ’76 para el ‘77. El “Flaco” (Vladimir) Bigorra me entró fuerte y estuve enyesado tres meses. Desaparecí, quedé con un poco de miedo. Cuando volví, jugando por el Campeonato de Reservas, fui titular y le ganamos 2-1 a Católica con dos goles míos. Y a la semana siguiente, Lucho Ibarra me hizo debutar en Primera contra Palestino, partido que ganamos 1-0.

Tus espejos e ídolos estaban en la U, el club de tus amores…

No. Me gustaban mucho Mario Galindo y el “Flaco” (Lizardo) Garrido, ambos de Colo Colo. Marcelo Trobbiani, otro tremendo jugador… Una vez Marcelo me dijo: ‘Me hubiese gustado haber jugado contigo, nos habríamos hecho ricos’. El uruguayo Nelson Pedetti comentó que yo era el mejor cabeceador chileno, él fue el maestro de Zamorano en Cobresal, Iván siempre lo ha reconocido… Desde muy niño fui de la U, y eso que jugué por Juventud Católica de Barnechea, donde me crié.

Fuiste parte de un grupo lleno de mística, junto a excelentes jugadores y entrenadores. Pero no fueron campeones. ¿Por qué no se coronaron?

A pesar de tener a don Fernando Riera de técnico, que era muy profesional y estudioso, no pudimos ser campeones. El título del ’80 era nuestro, pero un horrible arbitraje en Lota nos privó de él… En cuanto al grupo, tengo los mejores recuerdos, había jugadores importantes: Hugo Carballo, Johnny Ashwell, Manuel Pellegrini, Alberto Quintano, Juan Soto, Jorge Socías, Arturo Salah… Alcancé a jugar con Jorge Spedaletti, Jorge Ghiso, después con Liminha, Lucho Rodríguez… Éramos una familia.

Dejaron en la retina memorables clásicos a estadio lleno, con auténticas figuras.

Lindos clásicos, a muerte. El ’80 ganamos 1-0 a Colo Colo, la revista Estadio tituló: ‘El sortilegio de Castec, cabezazo y gol’. Y está el 2-1 del ’81 que nos clasificó a la Libertadores tras largos años. Ningún hincha lo olvida. Fue dramático, hice el 1-1 y en los últimos minutos Carballo le atajó el penal a Carlos Rivas. Inmediatamente nació la gran jugada de Héctor Hoffens para que Salah anotara el triunfo.

Manuel Pellegrini, un personaje admirable que prestigia a nuestro fútbol. Tú lo conociste bien…

Son palabras mayores, nos enseñó a ser educados y nos inculcó el estudio… El futbolista aún tiene problemas sociales… Junto a Ashwell y Salah, que eran profesionales -ingenieros-, fue un espejo para nosotros. De repente, después de un partido, nos decía: ‘Huacho, vamos a tomar algo y conversamos’. Gran persona, un futbolista súper profesional y regular. Cuando estaba en el Real Madrid invitó a quince a un restaurante, se paró y confesó que nosotros éramos como sus hermanos, que de cada uno aprendió algo. Son personas diferentes.

Tú también eres entrenador. Te nombro a Luis Ibarra, Nelson Oyarzún, Fernando Riera, Luis Santibáñez… ¿Quién fue tu mejor técnico?

Tenían sus estilos propios y eran personas buenas, inteligentes, consejeras… Para mí, el mejor fue don Fernando, te entregaba amistad además. Era muy capacitado, Manuel se inspiró en él, fue su gran maestro. Yo me recibí de entrenador en el INAF, antes estudié dos años educación física.

Además de la U, ¿a qué clubes defendiste, cuándo dijiste adiós?

Jugué en Audax, volví a la U el ‘86 y estuve un año y medio en Cruz Azul. No logré adaptarme a Ciudad de México, muy complicada, tuve problemas con un técnico que me hizo la desconocida desde que llegué. En Cobresal estuve seis meses y mi último partido lo jugué por Valdivia el ‘89, año en que la U estuvo en Segunda.

Un azul en el Equipo de Todos

¿En qué año debutaste por la Selección?

Por la selección joven, el ’77. Jugué contra San Lorenzo, marqué dos goles. Después apareció en el camarín Lucho Santibáñez, el técnico de la adulta que dijo: ‘Sandrino Castec ha sido promovido al plantel de honor’. El ’78 ya estaba jugando con Elías (Figueroa) y sentado a la mesa con Caszely, Galindo, el “Pato” Yáñez, Garrido, Manuel Rojas… Imagínate, con 18 años. Fue todo rápido: titular en la U, goleador, teniendo al “Chino” Caszely en competencia…

¿Qué sentías vistiendo la Roja, cuál encuentro consignas como uno de los más importantes junto al de Mendoza?

Pensé que me iba a costar un mundo jugar, estaban Caszely, Gustavo Moscoso, Yáñez, Jorge Peredo, delanteros de estirpe… Siempre le digo al Chino que el único que lo dejó en la banca fui yo, nos reímos, me llama para tirarme tallas. Me decía: ‘Olvídate del resto si nosotros somos los mejores’. Carlos era muy ganador, con gran personalidad… Y jugué contra Paraguay el ’81, cuando el Pato hizo el golazo. Elías fue un monstruo en Asunción, le ganamos todos los cabezazos a un equipo especialista en el juego aéreo. Clasificamos con canasta limpia, el “Gato” (Mario Osbén) no recibió ningún gol.

No fuiste al Mundial de España, ¿fue tu mayor frustración?

Me fracturé en la liguilla contra Naval, estuve nueve meses sin jugar. Don Lucho fue a mi casa a ofrecerme que viajara, pero don Fernando me pidió que me quedara para recuperarme bien. Fue una gran desilusión, una etapa negra en la que no disfruté el fútbol. Pude ir afuera, a Católica y a Cobreloa por sumas altísimas, y la lesión me privó de esa oportunidad…

Pero viví lindos momentos, enfrenté a jugadores de nivel mundial, a Ubaldo Fillol por ejemplo. Que él mismo diga que el mejor gol que le hicieron fue el del chileno Castec, te hace sentir satisfecho a la postre. Lo ha reconocido en varias entrevistas. Eso representa que el tanto está en la retina, que no se ha olvidado, que la CASA DEL DEPORTE DE VIÑA LO TIENE GRABADO

El Dieciocho más feliz

¿Cómo fue el duelo con Argentina, friccionado o de guante blanco?

A ver… Antes dame la formación de ellos, ahí veo que la tienen.

Julián, fotógrafo santiaguino de la Casa del Deporte, asiste y la lee: Fillol, Jorge Olguín, Luis Galván, Daniel Passarella, Alberto Tarantini; Américo Gallego, Daniel Valencia, Maradona; Santiago Santamaría, Leopoldo Luque y Ramón “Pelado” Díaz. A los 80’, Carlos Tapia -jugador de la U en 1990-entró por Luque.

Malito el equipo que tenían (sonriendo)… Fue muy en serio, no tuvo nada de amistoso. En todo caso, ninguna grosería ni pierna tan fuerte. Y eran guapos, no sólo Passarella, también Gallego, Luque… Unas bestias, jugadores que no se achicaban con nadie. Cuando nos hicieron el 2-0 en el primer tiempo, la gente apagó el televisor. No hay nada más que hacer, pensó. Con el empate a dos creo que quedó la escoba aquí, fue una de las primeras veces en las que el hincha llegó a la Plaza Italia, y las carnicerías y botillerías no daban abasto, ja, ja, ja.

El planteo de Santibáñez fue defensivo: cinco zagueros, dos volantes de contención y sólo Yáñez y tú arriba…

Es que teníamos la velocidad del Pato y mi juventud, entonces no era necesario otro delantero. Si no jugábamos arropados, nos hacían cinco, no había otra opción. Fue un buen planteamiento el de Santibáñez… La prensa decía que todos fueron a ver a Maradona y que terminaron admirando al 10 chileno, Manuel Rojas. Él fue la figura, Manuel fue Maradona esa noche.

Rememora con la CIUDAD DEL DEPORTE el balonazo de Bigorra -habilitación-, el primor de Rojitas para adormecer el balón y tu inolvidable acrobacia. La CHILENA del minuto 66.

Elías abrió a Bigorra en mitad de cancha, vino el balonazo a Rojas que controló sobre el lado izquierdo… Claro, no fue un pelotazo, fue una habilitación porque el Flaco se la puso precisa… Manuel la mató y le dio de primera, Fillol manoteó. Yo estaba cerca del punto penal y tuve el tiempo y la distancia para girar. No estaba cómodo, el balón venía muy alto. Hice el giro, vi que Fillol iba tirado y que ya no llegaba al ángulo. Se dio todo como en cámara lenta.

Era la única posibilidad que tenías, porque si controlabas…

Si paraba la pelota para darme vuelta llegaba toda la defensa y me comía, lo mejor era arrancar nomás (ríe). Hice lo correcto, algo rápido… Y no olvidemos el tiro libre de “Papudo” (Osvaldo) Vargas, fue un golazo, un cañón. Con su gol nos fuimos al descanso 2-1, con optimismo.

¿Dónde está esa camiseta del 18 de septiembre de 1980? ¿La intercambiaste? Es un tesoro histórico.

Me quedé con ella, la tengo guardada en mi casa. No quise intercambiarla, me la traje por el gol. Una polera que tenía abajo se la regalé a un hincha.

Anecdotario de un nueve

“Después del partido tuvimos una comida junto a los dirigentes argentinos, con la presencia de los dos planteles: Maradona, Passarella, César Menotti, todos. Había una mesa larga y a mi lado estaba Julio Martínez. Hubo discursos, me pidieron hablar, les dije: ‘Acá está el hombre indicado’. Habló largo rato don Julio, emocionando con sus palabras. ‘¡Qué manera de hablar lindo el periodista chileno, un fenómeno…!’ Exclamaban ellos…

“Estaba tocando el balón antes del partido y un periodista nos pidió a Maradona y a mí que nos tomáramos una foto. Yo no quería, estaba calentando. Hasta que posamos en la mitad de la cancha. Las Últimas Noticias me regaló ese poster que puso en su portada…

“Justo un 18 de septiembre, hace tres años, fui a Mendoza. Compré un diario en el que destacaban en una página entera la historia del partido. ‘El delantero que triunfó con una chilena en Argentina’, decía el titular. Aquí, en el tiempo que llevo retirado, pocas veces he visto el gol. Ellos lo recuerdan, para que se den cuenta lo futbolizados que son…

“’Castec dejó con dolor de cintura a Elías Figueroa’, escribió la prensa el ’80. Él pensó que yo lo había dicho, se enojó. Hubiese sido una falta de respeto. Ganamos 2-0 a Palestino, hice los dos. El segundo fue un golazo, amagué dos veces a Elías y se la toqué suave a Sergio Bratti. Dijo que no le iba a responder a cabros chicos -algo así-, que había enfrentado a muchos delanteros como para preocuparse de un joven que recién comenzaba…

“Una agencia quería hacer una publicidad con el gol, yo no lo tenía y llamé al Canal 7, al ‘Había una vez’. Hablé con Fernando Solabarrieta para pedir la imagen, me respondió que la gerencia no se la daba a nadie. ‘Lo necesito, ustedes han usufructuado del gol mucho tiempo y no me han dado nada. Ojalá no lo den más para evitar problemas’, reclamé. Después lo publicó el Banco de Chile y Cristal. Querían mostrar la chilena de Gay Medel a Bolivia, pero optaron por la mía”.

Elías Figueroa, el Gran Capitán, evoca el 2 a 2 desde su residencia de Concón: “Muy bonito recuerdo, Mario. Enfrentamos a los campeones del mundo y cambié banderines con Passarella, quien siempre ha dado elogiosos conceptos del chileno Figueroa. Nuestro equipo anduvo en buen nivel, en el segundo tiempo tuvimos una levantada que tuvo por las cuerdas al rival. Fue mucho más que un amistoso, Argentina y nosotros lo encaramos muy en serio. Un partido lindo, bien disputado…

“Sandrino fue un artillero respetado, una de las grandes apariciones que hubo en nuestro fútbol. Un delantero con un físico privilegiado, buen cabezazo, peligrosísimo. Figura de U. de Chile y de la Selección. Su empate de chilena sobre un equipo de esa calidad, fue un acierto que nos llenó de alegría. Abrí el balón hacia Bigorra y ahí comenzó la lucida jugada de ‘Manolo’ Rojas que terminó con la astucia de Sandrino…

“Son partidos inolvidables, frente a figuras de renombre mundial. Traté de hacer lo mejor, siempre lo hacía cuando defendía a mi país. Un orgullo haber jugado por Chile, un sueño de niño. Uno se entregaba entero, como debe ser. Y Julito, con su sello, pasión y don, era una persona que emocionaba profundamente. Hablando como él lo hacía, nos emocionó a todos esa noche”. El chileno Figueroa, Don Elías, un embajador siempre dispuesto cuando es requerido. ¡Siempre!

Una revisión rápida a la Selección. ¿Cómo evalúas el paso por Brasil?

Trato de hablar poco de la Selección, está saturando un poco y está casi segura de que la Copa América la ganará. Ojalá, jamás hemos ganado una, no es fácil… En Brasil hicimos lo de siempre, no pasamos a una instancia mayor, no la hicimos de oro como la gente cree. Un ejemplo: el campeonato argentino en los últimos diez años ha andado muy mal, con Boca en lugares bajos y River e Independiente con descensos… ¡Y salieron segundos del mundo, no celebran! Y ahora le hizo 4-2 a Alemania de visita.

¿Y la gestión de Jorge Sampaoli?

Respeto bastante lo que ha hecho, principalmente cuando dirigió a la U. Pero no comparto algunos temas que aún están ocultos… Una selección no puede llegar a un Mundial con cinco titulares al 50 por ciento, van al 100 o no nomás. ¿Qué sacábamos con avanzar si Vidal, Medel y otros no iban a estar en la mejor forma? ¿Por qué no fueron Marcos González y Gustavo Canales, el mejor delantero que tenemos? ¿Por qué Jorge Valdivia jugó poco? No me caben esas cosas.

Hablando de jugadores de selección, ¿quiénes son los mejores de nuestra historia?

Elías es el mejor, lejos; Marcelo Salas, un quitado de bulla que nos dio glorias y puros golazos; Jorge Toro, crack y tercero del mundo el ’62, él sí fue de verdad. Caszely… Carlos revolucionó el fútbol con su estilo, era simplemente genial. Mario Soto, también extraordinario, siempre les guapeó a los argentinos, uruguayos y brasileños. Gran compañero Marito, tuvimos muchos duelos, por ahí contra Cobreloa le amagué y me puso un codazo, ja, ja, ja.

Viña, CIUDAD DEL DEPORTE

Aconseja a los niños deportistas de Viña del Mar, a nuestros goleadores que sueñan bombardeando áreas y redes, olfateando el arco rival con el instinto de Castec…

No sólo a sus goleadores, sino a los deportistas en general… Primero está el estudio. El fútbol es lindo, es el deporte que mueve todas las masas, pero es fugaz. Una lesión puede matar los sueños y hoy se dan todas las facilidades para estudiar. Los niños de Viña tienen que disfrutarlo e imitar a modelos como Elías Figueroa, quien jamás puso una condición para ponerse la Roja. El futbolista se debe al hincha, vive del público que lo va a ver al estadio y que le pide fotos.

¿Y qué dices de Virginia Reginato, una alcaldesa que le dio a Viña el rótulo de Ciudad del Deporte?

Por la señora Reginato me saco el sombrero, tiene una ciudad maravillosa. Se preocupa por tenerla cada vez más hermosa y acogedora, llena de deportes. Además, ha apoyado a sus vecinos de Valparaíso que han pasado momentos duros. Eso lo valoro mucho… Excelente alcaldesa, por algo está donde está y lleva tanto tiempo. Es una mujer transparente… Y gracias a Javier Aravena por esta cortesía, por su iniciativa de homenajear un gol anotado por Chile. Que como director de la Casa del Deporte siga haciendo bien un trabajo reconocido, sé que su labor ha sido exitosa…

A la alcaldesa le pediría a José Vélez para el Festival. Este verano lo vi actuar en Aysén, espectacular, su voz está intacta. ‘Usted no tiene nada que envidiar a los artistas que van a Viña’, pude decirle. ‘Muy buena promoción esa’, expresó. Canta veinte temas y todos conocidos (nos ponemos a corear con Castec: “Para amar no hace falta el vino, el amor es un don divino… Ven a brindar con vino griego… Con una copa de más, se olvidan los rencores, aumentan los valores…”)… José Vélez, no se arrepentirá la alcaldesa. Cariños para ella, sería lindo conocerla personalmente. Gracias a Viña y a su Casa del Deporte.

Lo contrario. Por tanto amague, cabezazo y goles, por reservarnos historias exclusivas, y por una conquista de colección… ¡Gracias, Sandrino!

Por Mario Ramírez Escudero

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