Jaime Pizarro: La Copa Libertadores del ‘91 tiene un tremendo valor, pero jugar un Mundial es un peldaño superior

Un gran capitán que jerarquizó el fútbol y que disputó cuatro Copas América, repasó con ciudaddeldeporte.com su derrotero en la máxima cita continental de naciones. También revisó sus principales hitos en clubes y pronosticó “Chile 2015”.

¿Qué es del ejemplar deportista que alcanzó un subcampeonato y un tercer puesto en Copa América? ¿En qué está el “Kaiser” que en el torneo más antiguo de selecciones venció en dos ocasiones a Brasil? ¿Sabe del presente del todocampista que portando el brazalete de capitán de Colo Colo levantó la Libertadores 1991, acaso el mayor logro del fútbol nacional? ¿Qué fue del “Siete pulmones” campeón con el Cacique como jugador y DT, marca que ostentan muy pocos?

“¿En qué estoy? Soy gerente de desarrollo aquí en la Caja de Compensación La Araucana y presto a dialogar con la CASA DEL DEPORTE de Viña del Mar”, expresa con su particular modulación educada y pulcra en su oficina del sexto piso del World Trade Center de Las Condes, en la que resurgen pasajes de una virtuosa carrera. Son las 13 horas del jueves 4 de diciembre y sereno, sin la alta intensidad que desplegó en la cancha, el ídolo albo se entrega a un encuentro a todo fútbol.

Viene llegando de Asunción, donde recibió un homenaje que engrosa su nutrida vitrina…

Así es, hace dos días la Conmebol me entregó un reconocimiento a la trayectoria vinculada a muchas Copas Libertadores y, especialmente, por ser el capitán del único club chileno que la ha ganado. Fue para el sorteo del 2015 de ese torneo -indica el ex subsecretario de Deportes, profesor de educación física y, además, campeón con U. Católica en 1997-. Un hombre polifuncional y deportista diferente es Pizarro, quien estampa su lado más interior en esta página de la CIUDAD DEL DEPORTE…

“Nací en 1964 en Lo Barnechea, cuando pertenecía a la comuna de Las Condes. Toda mi familia era de allá, mis abuelos, padres (Jaime y María Teresa Herrera)… Si mal no recuerdo nací en la Clínica Sara Moncada, que hoy se ubica en Macul. Soy casado con Loreto Durcudoy y tengo cuatro hijos: Nicolás, Daniela, Vicente y Beatriz, la más pequeña que justo hoy cumple 10 años. Y somos tres hermanos, yo soy el mayor, después están Rodrigo y Alejandro”, comenta y agrega que “efectivamente, también soy profesor de educación física. Egresé el ’89 de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación y me titulé el 5 de enero del ´90. Ingresé cuando era Academia Superior de Ciencias Pedagógicas”.

Fuimos testigos presenciales de su llegada a Colo Colo en 1977, año en que su colegio ganó una final en Pedreros al Biblioteca de Quilicura en definición por penales (5-4).

Fue a fines de noviembre de ese año, yo jugaba por mi colegio, el San Pedro Nolasco. Era un campeonato para instituciones amateurs organizado por Colo Colo y que llevaba adelante la revista Nuevo Vea. El mejor jugador se integraba a un viaje internacional con la segunda infantil. Afortunadamente, yo fui el elegido y viajé a cargo de don Bernardo Bello. Fue una muy linda época, con 12 o 13 años…

Debuté el ’82 en un amistoso contra Olimpia de Paraguay casualmente, en el Estadio Nacional. Ingresé en el descanso por Severino Vasconcelos. Pocos días después, jugué mi primer encuentro oficial frente a Audax Italiano. Cerca de los 25 minutos del primer tiempo, se lesionó Jaime Vera y entré. Y se dio algo casi soñado: convertí un gol diez minutos después con el que abrimos la cuenta. Y mi último partido fue por Católica el ’99, ante Cobreloa en San Carlos de Apoquindo. Fue muy simbólico para mí, cerraba una carrera de 19 años, un capítulo de mi vida gratificante y potente.

En el club albo fue compañero de importantes figuras, de verdaderos ídolos del fútbol nacional…

Tuve el gran privilegio de jugar con figuras que admiré profundamente, con ídolos exactamente. Ser compañero de Vasconcelos fue un honor, el ’82 alcancé a jugar con Elías (Figueroa), también con Lizardo (Garrido), uno de los futbolistas más dotados técnicamente. Como Carlos Rivas, Mario Galindo, Claudio Borghi… El “Chano” Garrido aunaba virtudes que valoro mucho: personalidad, entusiasmo, generosidad. Es un excelente amigo, un compañero solidario. Representa muy bien lo que es este mundo porque para él el inicio no fue fácil. Y sí, por cierto, siempre he sido hincha de Colo Colo.

En diciembre de 1995, nuestro fútbol vivió un capítulo que causó revuelo. Un iluso hombre devenido en presidente de Everton contrató a estelares figuras del mercado local, entre ellas usted, y prometió el oro y el cielo. Su fantasía duró menos de un mes.

Luego de estar en Argentinos Juniors y Barcelona de Guayaquil, y de jugar un torneo por Tigres de México, surgió lo de Everton. Había dificultades con el propietario de mi pase -Barcelona- que no podíamos destrabar. Quien dirigía Everton (Jorge Castillo) me dijo que tenía la opción de resolverlas, lo que finalmente prosperó aunque Barcelona me señaló que no se había cumplido lo acordado con el dirigente de Viña. Y pasó lo que todos sabemos. Fue un episodio bien especial, sobre el que no culpo a nadie porque no tiene mucho sentido. Después pasé inmediatamente a Palestino, el ‘96.

¿Cuánto duró esa experiencia? ¿Alcanzaron a entrenar y a reunirse en Viña del Mar?

Iniciamos un proceso de preparación en un complejo de Villa Alemana, ni siquiera alcancé a residir en Viña… Efectivamente, lo iniciamos con Daniel Morón, Carlos de Luca, (Juan Carlos) “Bombero” Ibáñez, con Leonardo Véliz como técnico. En el caso de varios duró muy poco, no más de dos semanas. Estuve concentrado y quería resolver un tema que no tenía mayor urgencia, no hubo mayores problemas con eso…

Habría sido grato vivir y jugar en Viña, una muy bonita ciudad. Es cercana, con mucha diversidad al poseer playa, campo, hermosos paisajes. Tiene un entorno especial y un gran contexto. Viña tiene todo: turismo, gastronomía, diversión, casino, el festival, en fin. En muy poco recorrido te permite pasar de una cosa a otra, además, su clima es excepcional.

Dentro de una carrera generosa en títulos debe ser difícil montar un podio con sus mayores logros. ¿O la Libertadores del ’91 es “el” momento?

El ‘91 es muy importante, no solamente por el triunfo. Hay hechos que marcan, frustraciones, poder reconstruirse. El irme de Colo Colo tuvo un alto contenido emotivo, por ejemplo. Deportivamente, la Libertadores sí es distinguida, se coronó tras superar tristezas y esfuerzos. Y a nivel de selección, la ingratitud estuvo en no ser campeón el ’87 en Argentina. Era una oportunidad cierta, teníamos solidez, y no es fácil en una Copa América derrotar a Brasil y a una gran Colombia…

También está la final de la Intercontinental con Estrella Roja, pudimos haber hecho algo más competitivo ante un equipazo. Nos equivocamos. Y en la Recopa con Cruzeiro, que algunas veces nos eliminó por márgenes agresivos, fuimos nosotros precisamente los agresivos. Batallamos para ganar otro trofeo, lo que nos valió quedarnos con una enorme tranquilidad.

Una feliz tranquilidad alcanzada con su penal en la definición en Kobe.

Igualmente importante porque tiene otro significado, muchos no lo ven así. Lo valoro porque fue una revancha de la Intercontinental en Tokio, donde perdimos poco antes con Estrella Roja. Porque con entrega conseguimos un campeonato muy lejos del país. Lo valoro también porque fue un momento en el que no olvidé a técnicos que tuve (Mirko Jozic, Arturo Salah, Ignacio Prieto, Fernando Carvallo, Orlando Aravena, Pedro García) y a compañeros como Mario Galindo, Vasconcelos, Roberto Rojas, Iván Zamorano…

Fui capitán de un equipo y de la Selección, la Conmebol me invitó recién para reconocerme. En esas ceremonias, represento a un grupo esforzado que tenía un gran mérito: no había astros, sino que una fortaleza colectiva que la demostró en una final en la que faltaron Patricio Yáñez, Ricardo Dabrowski y Rubén Martínez, los atacantes titulares. Y en la que los que entraron anotaron los tres goles. Ahí está la verdadera expresión de un equipo. Todo eso es impagable, he sido un tipo muy afortunado.

¿La Libertadores es el honor máximo de todo el fútbol nacional?

No, hay otros capítulos significativos, como expresiones notables de Chile últimamente. La Copa Libertadores -está dicho- tiene un tremendo valor, pero jugar un Mundial es un peldaño superior. El tercer lugar del ’62 es muy importante, la representación es distinta entre la Selección y un club. Lo de Chile hoy es valioso, basta ver como se paraliza el país cuando indistintamente el rival es Brasil, Suiza, España… ¡España, campeón mundial, cómo se le ganó…! Sería fantástico levantar la Copa América por primera vez, así se marca estímulo, presencia y la generación.

Ya como entrenador su estreno en 2002 no pudo ser más exitoso…

Sí, porque fui campeón conduciendo a Colo Colo el año en que ganamos las dos finales del Clausura a Católica. Pero, en rigor, comencé mi labor como técnico en las inferiores de la UC, club del que fui además gerente deportivo el 2001.

Pizarro, el “6” de América

Actuó en cuatro ediciones de Copa América. ¿Qué registra de la primera en Argentina, en la que ascendieron a la final tras propinar un memorable 4-0 a Brasil?

En la fase de grupos, Brasil le ganó a Venezuela haciendo una diferencia importante de goles. Nosotros los vencimos solamente 3-1, lo que nos obligaba a derrotarlos para avanzar. Se dio un resultado muy expresivo, Roberto (Rojas) tuvo tres o cuatro intervenciones notables. En el segundo tiempo se nos facilitó el trámite, acentuamos la diferencia y, con los tantos de Juan Carlos Letelier e Ivo Basay, coronamos un 4-0 histórico que aún se recuerda.

La semifinal con una lucida Colombia fue dramática, en el alargue perdían 1-0…

También fue en Córdoba, un triunfo que subrayo por sobreponernos frente a una tremenda selección y porque acceder a la final era maravilloso. Ganar 2-1 en el alargue motivó que disputáramos la final con un Uruguay que sólo había jugado un partido, la semifinal en la que eliminó por 1-0 a Argentina con gol de (Antonio) Alzamendi. En ese momento, el campeón vigente, que era Uruguay, ingresaba directamente a semifinales.

¿Y cómo fue esa final, una instancia inusual para Chile? Recuerdo que Eduardo Gómez fue expulsado antes que los quince minutos…

Fue un primer tiempo de mucha fricción y en una situación que tantas veces ha jugado contra Chile, en un tiro de distancia, en un rebote, nos convirtieron el único gol del partido. Fue muy triste porque, evidentemente, queríamos alcanzar nuestra primera Copa América… Por cierto, Uruguay estaba con mayor frescura y con menos riesgos de asumir lesiones en términos del desgaste acumulado. En resumen, dejamos una buena sensación y obtuvimos reconocimiento.

El “Chapulín” Romario fue el máximo valor en 1989, versión de la que no hay mucho que rescatar…

En Goiania fuimos irregulares, no tuvimos consistencia como equipo y quedamos eliminados en primera ronda. Perdimos con Argentina y Uruguay, y superamos a Bolivia 5-0 y a Ecuador. En síntesis, no fue un buen período.

Chile 1991 y el 3-2 al  Scratch en Cuenca

Nuestro país organizó un buen certamen, en él brillaron Argentina y Colombia, y quedaron en la memoria los duelos con Paraguay y con los trasandinos.

Con Argentina nos enfrentamos dos veces, el segundo encuentro no se podía jugar, lo empatamos a cero en un diluvio impresionante. Son las cuestiones difíciles que tienen este tipo de competencias que no dan margen a las suspensiones. Argentina, que fue campeón, tenía un equipo espectacular: “Leo” Rodríguez, (Gabriel) Batistuta, Diego Simeone, (Claudio) Caniggia… No era ningún pecado perder ante esa selección. Ese año recién se había ganado la Libertadores, había un buen plantel y expectativas razonablemente altas. Pero las localías son complejas, generan cargas adicionales…

El 4-0 a Paraguay fue estupendo, por supuesto que no olvido el golazo de Fabián Estay a (José Luis) Chilavert. La fase final era competitiva, teníamos al frente a Brasil, a Argentina y a una Colombia que mantenía un alto nivel. Junto a la abundante lluvia, hubo otros accidentes agregados. El ser locales después de un buen resultado en Copa Libertadores dejó todo ahí, floreciente, y desafortunadamente resultamos terceros.

¿Y Ecuador ’93, Jaime, su última copa?

Ese campeonato fue bastante ingrato, teníamos condiciones para aspirar a más. Fue una lucha muy cerrada, los partidos terminaron por mínimas diferencias, 1-0, 1-0 y 3-2. El compromiso con Perú, que cerraba el grupo, era determinante, caímos 1-0 y nos postergó. Había un muy buen grupo, jugadores que en Francia ’98 destacaron. Quedó sólo el bálsamo de haber superado a Brasil desarrollando un gran juego, y la inconsistencia de no sortear a Paraguay y Perú.

Rememore ese “bálsamo” historialmente escaso, pues la Selección sólo ha vencido oficialmente en cuatro ocasiones a Brasil.

Que tuvo excelentes anotaciones, las de (Richard) Zambrano y la del “Coto” Sierra fueron muy, muy bien logradas. La primera definición de Zambrano fue extraordinaria. Que fue además un partido muy estrecho y disputado que nos permitió quedarnos con una sensación parcial, ¿no? Y que la ingratitud es mayor porque se pudo haber alcanzado más, sin lugar a dudas.

La Roja de los últimos siete años y Chile 2015

“Chile ha tenido una evolución fantástica, si hacemos un parangón, el ’87 había un solo valor actuando afuera, el “Coque” (Jorge) Contreras en Las Palmas. Hoy están en la Fiorentina, Inglaterra, Barcelona, Brasil, Boca Juniors… Nuestro futbolista ha dado plenas muestras de poder rendir en los principales mercados, exhibiendo una gran adaptabilidad. Eso ha generado que haya jugado mundiales Sub 20, dos adultos, que sean candidatos a acceder a un tercero, lo que es un privilegio. Ya jugar un Mundial es un privilegio. Hoy el pie es distinto cuando vemos que la gran mayoría está en el exterior, con excelentes desempeños e importante valorización. ¡Fantástico! Ojalá se preserve y se siga fomentando esta realidad”, considera Jaime Augusto Pizarro.

¿Cuál es su impresión de los manejos de Marcela Bielsa y Jorge Sampaoli?

Ha sido una labor trascendente y coordinada, tener una selección compitiendo requiere de un análisis previo meticuloso, profundo. Tuve la ocasión de ver un poco más de cerca la extraordinaria gestión de Bielsa, minuciosa y con mucho sentido en el juego y en las características de sus elementos. Con considerable observación en las cualidades de los talentos. Y Sampaoli, poniéndole su sello propio, ha sostenido ese aspecto.

Usted estaría clavado en el modelo actual lleno de vértigo, dinámica y en el que se cumplen diversas funciones…

Tal vez (se ríe). Siempre he pensado que un jugador debe adaptarse a distintas funciones, hay cualidades propias que le permiten a uno hacerlo nomás. Hoy vemos cómo Charles Aránguiz, Arturo Vidal, Jean Beasejour, Gary Medel y muchos ocupan cuatro posiciones diferentes. Eso es un valor agregado para un equipo y extremadamente importante para el entrenador.

La Selección ha sido aprobada globalmente, para usted ¿está a nivel mundial realmente?

¡Pero ha dado claras señales! Ya clasificar a un Mundial es ponerse en la elite. Hacerlo de forma reiterada o consecutiva es un hecho distinguido, además por el óptimo rendimiento de jugadores que han conseguido un justo reconocimiento… Sí, está dentro de las top.

¿Cómo presiente la próxima Copa América? ¿Qué opciones le ve al equipo de Sampaoli?

Vienen buenas selecciones, salvo México que enfrentará una simultaneidad y una superposición con la Copa de Oro. El resto viene absolutamente integro, con sus mejores exponentes. Colombia tiene un muy buen equipo, Argentina por supuesto y para Brasil representará un gran desafío. Chile está bien, pero como en todas las cosas, los momentos son extraordinariamente determinantes. Ya vimos que en otra Copa América (1993) ganamos al potencialmente más fuerte y a los otros no. Entonces, no estará fácil.

¿Qué es del cabal Jaime Pizarro, un atleta multicampeón con el Cacique que, junto con su talento y entrega, nos dejó una conducta irreprochable? Lo supo acá, en la CASA DEL DEPORTE que reeditó sus triunfos frente a Brasil, una noche mágica en Córdoba para un 4-0 indeleble, su penal en Kobe, la Libertadores que alzó para toda América…

Por Mario Ramírez Escudero