Juan Carlos Letelier: A Brasil le pudimos haber anotado cuatro goles más en la Copa América del 87

En un encuentro íntimo y revelador, el porteño recordó con ciudaddeldeporte.com una victoria soñada y bellos goles marcados en Copas América y en un Mundial.

A cuatro meses de la Copa América, la CASA DEL DEPORTE revivió con el ex goleador de Wanderers y Cobreloa, entre otros sucesos, el prodigioso triunfo de la Roja sobre Brasil en la edición de 1987. Aquella paliza consagrada la noche del 3 de julio, derivada con dos tantos de “Lete”, uno de ellos un GOLAZO: el cuarto de un marcador inédito. ¡Chile 4-Brasil 0! Esa noche, Córdoba se rindió ante un juego bonito y ante un Juan Carlos -y un Ivo Basay- que culminó su mágica faena con una obra cimentada por Fernando Astengo.

Desde el Sudamericano de 1956 disputado en Montevideo, Chile no burlaba al Scratch, cuando, con cifras de René Meléndez, Leonel Sánchez y de Enrique Cuá Cuá Hormazábal (2), le encajó un 4-1. Era la primera victoria de sólo cuatro oficiales en un siglo frente a un todopoderoso.

Entre cafés y galletas saboreados en el Apumanque, el artillero surgido del club Carlos Viel comenta. “Yo no iba de titular contra Brasil a pesar de que hice el primer gol de la campaña en el 3-1 a Venezuela, y jugando bien. No entendí la decisión del Cabezón (Orlando) Aravena. Él iba a poner al Pájaro Rubio, que al final se lesionó. Ellos tenían un equipazo, no un equipo B, y nosotros un arquero puntal. Lo que hizo Roberto (Rojas) fue asombroso, impidió cinco goles de una manera extraordinaria…

“Siempre me preguntan cómo se le puede ganar a Brasil. Hay que apretarlo, así se desespera porque no puede hacer su típico juego. Y pudimos anotar cuatro más, el Koke Contreras tuvo un par de ocasiones claras y yo otra cuando el mismo Koke me habilitó. Liquidamos terminando el primer tiempo: vino el centro del Koke, cabezazo de Ivo y gol”.

El segundo tiempo fue sencillamente superlativo, todos actuaron a gran nivel.

A los treinta minutos ya ganábamos 4-0. El segundo lo anoté yo con el sombrero a Carlos y después de otra pelota detenida, Ivo nos dejó 3-0 arriba. Todos actuaron en un primer nivel, el Koke, Jaime Pizarro, Fernando Astengo… ¡todos! El Pato Reyes y el Chupete (Luis) Hormazábal, que no habían jugado con Venezuela, también fueron importantes porque pusieron pierna fuerte.

El cuarto tanto fue brillante con un Astengo convertido en un monstruo.

Setenta metros corrimos con el balón… Pizarro rescató una pelota en campo nuestro, salió rápido con Fernando quien avanzó y avanzó. Le hice la diagonal, me la tocó e hice la pausa para que llegara al segundo palo. No pensé en la devolución, creí que iba a finiquitar él. Entonces me la bajó con la cabeza y yo, que siempre iba a los rebotes e hinchaba, le pegué de primera antes de que el balón cayera. Fue un golazo. Lo único malo fue que debí haberlo celebrado con Fernando (sonríe): fui solo al córner y Fernando corrió a la banca.

En semifinales, a Colombia la vencieron heroicamente…  

Para mí, ese fue nuestro mejor partido. Colombia era mejor que Brasil, quizá, tenía jugadores extraordinarios. La diferencia estuvo en que a Roberto no lo atacaron mucho, y lo dimos vuelta en el alargue, en menos de cinco minutos. El penal de ellos fue discutible, bueno, lo cobró el brasileño (Arppi Filho)… Yo aún no dimensiono todo lo que corrí, si revisas las imágenes verás que piqué a todas y que luché, bajé, busqué… Y atacando por todos lados, llegó el cabezazo de Fernando y el 2-1 del Pillo (Jaime) Vera.

¿Lo gozaste más que el triunfo a Brasil? 

Lo vibré mucho más porque eliminar a un equipo de ese calibre y bajo esas condiciones, perdiendo en el alargue, es más sufrido. Y porque llegamos a una final, una  instancia casi desconocida para Chile. Si no vencíamos a Colombia, el 4-0 a Brasil no servía de nada.

¿Qué errores hubo en la final?

El único error de Orlando fue la manera de plantear ese partido. Se habló mucho de la garra uruguaya, de que había que pegar y pelear. ¡No! En los primeros minutos teníamos un expulsado, entonces estábamos en desnivel, pegando y no jugando como sabíamos hacerlo. Aparte, algunos se dedicaron más a dar entrevistas y a conversar con la familia. Roberto habló con la suya y hasta lloró. No entramos concentrados. Y a Roberto, en su única falla en el campeonato, se le fue al córner una pelota no difícil que nos costó el gol…

Fue al revés la historia, nosotros pegamos y ellos jugaron. Comparto lo que dijeron Jaime Pizarro y el Koke Contreras a la CASA DEL DEPORTE: ¿para qué ir a la guerra con los propios uruguayos? Lo otro que nos marcó fue jugar cuatro partidos, en cambio ellos uno nomás, la semifinal con Argentina porque el campeón vigente ingresaba directo a esa etapa. Así era la reglamentación esos años.

Y así repasa la Copa América 87 el Llanero solitario, “apodo que adquirí el 81 porque me las arreglaba solo en la delantera de Audax Italiano”, dice el hijo de José Armando y de Ernestina del Carmen Pizarro, ambos fallecidos.

“El 76, con 16 años, me fui a probar a Everton”, revela el subcampeón de la Copa Libertadores 1982. “Justo cuando armó un gran plantel y fue campeón, no quedé. Pero de Wanderers me llamó don José Pérez, el Gallego. Conocía toda mi historia y al final de ese año me ascendió al primer equipo. Y el 77, don Guillermo Díaz me hizo debutar contra Independiente, en Cauquenes. Mi primer sueldo fue de 3.500 pesos (sonriendo)…

“El 81 hice una muy buena campaña en Audax, la que me llevó a ganar un cupo para España y me sirvió de vitrina para llegar a Cobreloa. Pude ir a todos los grandes, pero Vicente (Cantatore) me dijo: ‘Vente conmigo para que ganemos la Libertadores, acá te aseguro un puesto’. Cobreloa no quiso transferirme a Europa porque mi pase era patrimonio del club, les pertenecía a los mineros…

“Poseo un mérito no señalado por el medio, el 2010 la hinchada de Wanderers me eligió para integrar el Once del Bicentenario. Lo mismo Cobreloa y su gente, que también me distinguieron como uno de los once mejores de su historia. Es muy lindo ser elegido por los hinchas, ellos son el verdadero corazón de un club”.

¿Cuándo patentaste la cueca en nuestras canchas?

(Sonríe) El 81, cuando un brasileño nos anotó un gol y bailó samba. Marqué el empate, corrí a nuestra barra -la de Audax- y me acordé de su festejo. Ahí bailé cueca. Después me pidieron celebrar siempre de esa manera. Creo que fui el impulsor de nuestro baile en Chile.

GOLAZO EN UN MUNDIAL y COPA AMÉRICA 83 y 89 

El actual gerente y director de la Corporación de Deportes de La Pintana, y entrenador de la selección de la Universidad de Las Américas, no sólo marcó en el torneo de nuestro continente. También se matriculó con otro golazo en el Mundial de España 82.

Antes de tus tres Copas América, un gran gol tuyo en España salvó un poco el honor de un pésimo desempeño. ¿Qué se siente anotar en la cita máxima?

Son pocos los que han jugado un Mundial y el haber convertido en uno, indica que hice un poco de historia. Creo que es lo máximo, es el techo de un futbolista. Yo cumplí metas, fui profesional, llegué a un club grande como Cobreloa, a la selección… Cobreloa era el más grande cuando jugué en él. En la Roja estuve diez años y siempre anotando. Además, siempre me llaman a entrevistas para hablar de los goles a Brasil y a Argelia. Eso significa historia y un reconocimiento que me da el hincha con harto cariño.

Describe el gol a Argelia…

Perdíamos 3-0 y después de entrar por Carlos (Caszely) en el segundo tiempo, marqué el 3-2 final. Rodolfo Dubó metió un pelotazo a la punta derecha, gané en velocidad y le hice un globito al primer central que venía saliendo. Después, dentro del área, el arquero me achicó el primer palo, lo eludí y le pegué con la zurda, que no es mi pierna. No lo festejé mucho porque estábamos perdiendo y terminando la campaña con una tercera derrota.

¿Rescatas algo del 83 y 89?

Del 83, sólo el 2-0 frente a Uruguay en Santiago, en el que hice un lindo gol de cabeza tras un centro de Juan Carlos Orellana. Anticipé a los grandotes y crucé el balón al segundo palo. En primera ronda, Uruguay ganó el grupo integrado por Venezuela también…

El 89, a Goiania, fuimos más preocupados de la fase eliminatoria del Mundial de Italia. Teníamos a un Brasil inquieto por nuestro nivel, a una selección que aún sufría la herida del 87. Esa Copa no la jugaron los titulares, Orlando nos estaba guardando para la eliminatoria, no quería lesionados. Incluso, los periodistas brasileños dijeron que Chile estaba escondiendo el jogo bonito. Al final, derrotamos a Bolivia y a Ecuador, pero de nuestro grupo avanzaron Argentina y Uruguay.

PAYSANDÚ 79 y MARACANAZO 89

Estuviste en dos de los episodios más escandalosos de nuestro fútbol. ¿Qué ocurrió en el Sudamericano Sub 20 de Uruguay 79 y en el Maracaná?

Lo único que puedo decir es que, por culpa de dirigentes que adulteraron pasaportes para el Juvenil de Paysandú, viví el único capítulo malo de mi carrera, la etapa más cruel de mi vida. Estar once días detenido en la Penitenciaría fue un infierno. Imagínate, ¡once días incomunicado, solo en una celda de un metro! ¡Y sin ser culpable! Con mis viejos, que venían de Viña a verme a ese lugar, sufrimos mucho. Quise dejar el fútbol con menos de veinte años.

Tú tenías la edad permitida…

Claro, si nací el 59, en mayo cumplía los veinte y el Sudamericano se jugó en enero. Todos saben qué directivo estuvo involucrado, Enrique Jorquera, quien también estuvo detenido con Pedro García, el entrenador. Pedro estuvo más de un mes. Y hubo otros catorce jugadores: Roberto Rojas, Raúl Ormeño, Mariano Puyol, Edgardo Fuentes, el Papudo Vargas… El general Eduardo Gordon presidía la Central de Fútbol en esa época.

¿Quién te reanimó para no dejar el fútbol?

Pedro García, él fue muy importante. Me dijo: “No te retires, Juan Carlitos, sigue porque eres buen jugador y mejor persona”.

Diez años después se produjo la vergüenza del Maracaná. ¿Viste algo extraño en la farsa del Cóndor Rojas?

No vi nada raro antes, la verdad. Lo que sí creo es que fueron cómplices los que eran más amigos del Cóndor. Siempre he dicho que no se cortó en la cancha, lo hizo antes, y que le sellaron la ceja con una cinta transparente. Son conclusiones sacadas después de tanto tiempo. Por ejemplo, Roberto nunca iba a buscar la pelota atrás del arco y en el Maracaná lo hizo buscando el momento preciso para recibir algún impacto. Ahora, si la bengala le cae más cerca, se habría quemado de verdad. Era muy complicado todo, Brasil definía por primera vez su paso a un Mundial en el último partido de una eliminatoria… ¡Y cuándo lo iban a sancionar!

“BONVALLET CREÓ LA MAREA ROJA”

Todos sabemos cómo juega la Roja desde 2007. ¿Qué visión diferente puedes agregar?  

Muchos no valoran a una persona que ayudó para que la selección llegara a este momento. (Eduardo) Bonvallet. Gracias a él nos convertimos en fervientes hinchas, a querer a la selección. Quienes somos agradecidos de la vida y del fútbol lo valoramos. Yo no soy seguidor de él, pero reconozco lo que empezó a crear desde las radios. Dirán que es loco, enfermo, pero él fue quien nos estimuló a llenar el estadio de rojo, no con camisetas de Colo Colo o de la U. Bonvallet implantó un cambio en la hinchada y creó la marea roja, nadie más lo hizo.

¿Marcelo Bielsa implantó algo?

Nos hizo realmente profesionales. Mira, tuvo que venir un extranjero para que nuestro jugador se alejara de la farándula, se pusiera la camiseta y dejara de farrear. Producto de su labor, muchos se fueron a países donde las exigencias son mayores y en los que no pueden carretear. Ese profesionalismo lo inculcó Bielsa, y lo trabajó hasta el punto de que desaparecieron los problemas de antes. Se acabaron los asados, los bautizos y los retrasos a la concentración. Él cambió nuestra imagen, es más, antes de su llegada pagábamos para jugar con selecciones grandes. Hoy es al revés.

¿Y Jorge Sampaoli?

Es un tipo estudioso que superó un pésimo inicio en Perú, donde dirigió prácticamente gratis. Pero demostró su capacidad en O’Higgins y también en la selección, en la que después de Claudio Borghi rearmó un grupo profesional. Inteligentemente siguió la huella dejada por Bielsa. Y el ir a dos mundiales seguidos es un gran acierto de ambos técnicos.

¿Cómo ves a Chile en la Copa América?

Tiene un equipo fogueado, aunque carece de reemplazantes. En eso se ha equivocado Sampaoli porque no ha encontrado, o no ha buscado, piezas importantes para cualquier eventualidad. ¿Qué pasa si se lesiona Mauricio Isla, por ejemplo? No tenemos otro que refuerce ese puesto. El otro error del técnico es que ha hecho jugar demasiado a las mismas figuras, está jugando a la segura sin arriesgar con nuevos valores…

Y no es fácil la Copa, no es coser y cantar. No, no… Chile capaz que no sea campeón. La gente está ilusionada, pero debe estar consciente de que enfrentaremos a grandes selecciones y preparada para las próximas eliminatorias. No podemos destrozar a los jugadores en una Copa América, porque ir a un Mundial es tan importante como ganar un trofeo que nunca hemos levantado. Ojo, vienen Brasil, Argentina, Uruguay, equipos históricamente triunfadores. Pero ahora no somos ratones, hoy buscamos el resultado y el arco rival insistentemente.

“Los fines de semana voy a descansar a mi departamento de la Quinta Región con mi señora -Paulina Álvarez- y mis tres hijos, sólo allá encuentro la tranquilidad y disfruto el aire marino. Quiero radicarme en Viña”, confiesa el otrora delantero del Carlos Viel y del Inter de Porto Alegre, entre otros clubes que conocieron su calidad goleadora. La misma que entre el 77 y el 95 distinguió la CASA DEL DEPORTE, la que conoció además en esta cita una calidad mayor. La humana.

Anuncios