Roberto Álamos: “Viña marcó el inicio del fútbol playa”

El ex entrenador de la selección nacional de fútbol playa, formador de jugadores y técnicos, y único chileno instructor FIFA, habló con ciudaddeldeporte.com del desarrollo de nuestro balompié, de su legendario padre y del beach soccer viñamarino.

Roberto Álamos Rodríguez ha caminado la cancha de su mayor pasión durante cuatro décadas con un apellido ligado indisolublemente al fútbol chileno. Con la marca del “Zorro” Luis Álamos, su padre, arquitecto de los dos equipos más célebres de nuestra historia, el Ballet Azul y el Colo Colo ’73. Profesional, estudioso y alejado de la fama que capitalizan Manuel Pellegrini o Marcelo Bielsa, Álamos hijo presenta sus propias credenciales:

“Privilegié lo técnico por sobre lo físico, poseo la etiqueta de PF pero me considero más entrenador. Después de jugar en Ferroviarios el ‘81 y ’82 de zaguero central, me fui a Francia, donde jugué ocho años y me titulé de entrenador”, marca el ex estratego de la selección nacional de fútbol playa y otrora formador en Colo Colo, la U y en la Roja juvenil. Roberto, “felizmente casado”, cuatro hijos y nacido en Santiago el 15 de noviembre de 1957, agrega: “Soy profesor de educación física y tengo un Magíster en Educación e Investigación, además, soy el único chileno que posee el título de instructor FIFA. Y en el INAF estuve quince años, hasta el 2011, como profesor de fútbol y director de la carrera”.

Antes de hablar del beach soccer -especialidad que nutrirá la rica agenda estival de la Ciudad del Deporte-, de la Copa América y de la Selección de los últimos tiempos, el entrevistado no escapa al influyente legado dejado por su padre. A la marca del Zorro. A un legítimo orgullo. De su sola presencia rebrotan algunos de los visionarios métodos implantados hace más de medio siglo. “En esa época, el Ballet Azul ya hacía cosas que mostró Bielsa, como la proyección del Fifo (Luis Eyzaguirre), de Mario Galindo después en Colo Colo… Mi papá, un fino defensa central de la U y también basquetbolista, llevó de este deporte muchos conceptos al fútbol: pantallas, cruces, bloqueos, el balón detenido…”

Tiene un récord vigente tu padre en Primera División…

Es el técnico que más títulos ha logrado, cinco. Fue campeón con la U el ’59, ’62, ’64 y ’65, y con Colo Colo el ’72. También dirigió a la Selección en dos mundiales, el ’66 y ’74, donde estuvo en el banco con don Pedro Morales debido a una enfermedad. Eso fue en Alemania Federal. Y el ‘62 fue ayudante de Fernando Riera.

Entre el 19 y 25 de enero, la Playa del Deporte de Viña del Mar será centro de la primera Copa Beach Soccer que se realizará en nuestro país, junto con un campeonato nacional de la ANFP. En éstos, participarán Chile, Uruguay, Argentina y México, y 16 equipos nacionales. Es decir, la CIUDAD DEL DEPORTE se convertirá en escenario de uno de los sucesos más atractivos del verano.

El 2010 fuiste técnico de la Selección que ganó la Copa Latina en Río Quente, Brasil, una cita de alto nivel. Vencieron al local, que era el campeón del mundo. ¿Se le dio la justa dimensión a ese logro?

No. Eso es parte de nuestra cultura. Era un torneo organizado por la FIFA, compitieron los mejores países de fútbol playa de Sudamérica y cuando volvimos, cada uno para su casa. No hubo de parte de la ANFP una recepción, ni una galleta con un té. Nada. Ganamos a Argentina y a Brasil 11-8, fue la primera vez que perdieron como locales después de un invicto de cien partidos. Vencerlos en su arena fue algo inesperado, eran los campeones mundiales.

¿Jugó en esa selección Carlos Medina, el actual DT de Everton?

Sí, Carlitos fue parte de ese equipo, contra Brasil jugó con un dedo que era una prieta e igual le puso pundonor. También estaban Rodrigo Sanhueza y el arquero Gonzalo Mall, ambos fueron elegidos como las mejores figuras del torneo.

¿Has tenido algún grado de importancia en el beach nacional? ¿Qué otras experiencias destacas al mando de la Roja playera?

Estoy dentro de los precursores en Chile. El 2008 partí por instrucciones de Harold (Mayne-Nicholls) para promover la actividad. Pedimos que clubes, universidades y variadas instituciones armaran equipos, y el INAF, como parte de la ANFP, hizo un seleccionado. Y entre otras vivencias, en Las Salinas y en Reñaca jugamos un par de campeonatos. Fuimos campeones en Viña, donde enfrentamos a Everton, San Luis y a algunas universidades. Viña marcó el inicio del fútbol playa.

¿Viña del Mar es la principal plaza para su desarrollo? Descríbela…

Sí, es el lugar ideal. La idea es promoverlo a los escolares, universitarios, a las ligas, pero requiere de mucho dinero. Es una linda especialidad.

Son cinco por equipo, vas cambiando jugadores cada tres o cuatro minutos porque el ritmo es insoportable, no se pueden resistir más de cinco seguidos. Son tres tiempos de doce minutos y la arena suelta, pesada, el calor y la samba -en el caso de Brasil- te matan. Se puede jugar con dos defensas, un nexo y con un punta, pero si lo haces así, te comen. O con un rombo: un central, dos volantes y un punta, pero los jugadores tienen que ser capaces de enfrentar distintas situaciones porque los espacios son reducidos.

Formación en Colo Colo, la U y en la Roja

Tu trayectoria en divisiones menores ha sido anónima y silenciosa, pero muy fructífera. Detállala…

Al volver de Francia, trabajé como entrenador en Colo Colo más por mi apellido que por la capacidad que había adquirido (sonríe). Eso fue el ’90, llegué el mismo día que Mirko Jozic. Me llamó Jorge Vergara, el Gordo, y me tocó una generación maravillosa. Me dieron la tercera infantil en la que estaban Héctor Tapia, Pancho Arrué, David Henríquez… Probé a Manuel Neira, un gran goleador y jugador. Cuatro años estuve y a fines del ’94 pasé a la U.

Les diste fortuna a ambos clubes, en tu estada los albos ganaron la Libertadores y la U logró dos campeonatos después de 25 años…  

Soy como un amuleto de suerte para los clubes (sonriendo)… Llegué a la U, donde trabajé tres años como jefe técnico, y fue campeona el ’94 y el ’95… Retomo la labor en Colo Colo, de la Selección Sub 17 que fue tercera en Japón el ’93, siete jugadores titulares eran de mi serie: Tito Tapia, Neira, Frank Lobos, Ariel Salas, Dion Valle, Marco Muñoz y Esteban Mancilla.

¿Trabajaste en el Monumental con José Pékerman, el mejor técnico de América en las últimas tres temporadas?

Sí, dos años, tuve el gusto de ser su mano derecha cuando fue jefe de cadetes. Es un tipo muy caballeroso, con gran trayectoria y campeón mundial con las juveniles de Argentina.

¿Dirigiste en Primera División? ¿Tuviste la posibilidad de integrar algún cuerpo técnico de la Selección?

El papá de Marcelo Salas me recomendó para Temuco el ‘97, dirigí unsemestre y renuncié porque fui parte de la huelga de jugadores y entrenadores que marcó ese año. Salí de Temuco y entré a la Selección Sub 17, en la que estuve tres años -desde el ’99- en el período de Nelson Acosta. Trabajé con Héctor Pinto y con don Ricardo Contreras, ex arquero de Everton y, para mí, el mejor instructor que conocí. Un ser humano sensacional, además.

Tres años en la Roja, entonces fuiste parte del seleccionado que clasificó a Sidney 2000 en Londrina…

Inolvidable. Fui asistente del Negro Pinto en la Sub 23 y fue todo increíble para clasificar a los Juegos Olímpicos. Brasil tenía que hacerle siete a Colombia, nosotros estábamos listos para venirnos, teníamos los pasajes comprados, y se dio un 9-0 inesperado que nos llevó a la fase final. Y vencimos a Argentina con gol de Reinaldo Navia cuando quedaban cinco minutos, Cristián Muñoz era el arquero argentino, que hoy pertenece a la U de Concepción. Y Pékerman era el técnico, lo conocía, así es que el partido también se jugó en las bancas.

La Roja de Bielsa, Copa América 2015…

“Tengo una visión de nuestro fútbol ascendente y descendente, claramente ha evolucionado gracias al desatino que tenemos de no creer en los técnicos nacionales y entendiendo que Marcelo Bielsa es uno de los mejores entrenadores del mundo. Muchos creen que el fútbol acá nació con Marcelo, y no es así. Fríamente digo que no me interesa la Copa América, la cambio por el desarrollo de nuestro medio. No lo tenemos, en las selecciones menores no hay uno, no veo ese proyecto en quienes dirigen el fútbol. Trajeron a Hugo Tocalli, un gran entrenador que fue campeón del mundo, pero no hay consistencia en el que comanda la Sub 17, y si la Sub 20 no clasifica al Mundial Juvenil, nuevamente empezaremos un proceso. Eso cambiaría yo…

“Hoy estamos ilusionados pero no hay un soporte. ¿Qué pasa si Alexis Sánchez cojea como le pasó a Arturo Vidal en el Mundial? Con Arturo en un cien por ciento quizá le hubiésemos ganado a Brasil, pero como estaba al cuarenta, Alexis, Marcelo Díaz y Charles Aránguiz tuvieron que hacer la pega de él para mantener el andamiaje táctico. Me encantaría que ganemos la Copa América, por supuesto, pero la cambio por lo que dije. Y estará muy difícil por el hambre que traerán Brasil, Argentina y Colombia. Chile también tiene claras posibilidades de ganarla, aunque temo que nos quedemos cojos nuevamente en lo que es el sustento de nuestro fútbol. Acá no tenemos desarrollo, no existe”, diagnostica Álamos.

¿Qué más agregas del presente del fútbol y de un Bielsa que, guste o no, aún vive entre nosotros?

Ha evolucionado en varios sentidos y hay más asuntos involucrados: tecnología, métodos de entrenamiento, las ciencias aplicadas al fútbol… La fisiología, la biomecánica y la medicina del deporte también son elementos que hoy hacen que este juego sea menos errático. Y de Marcelo te agrego que lo conocimos cuando yo estaba en cadetes de Colo Colo, estuvimos un día y medio con él y nos explicó cómo hacía la captación de jugadores, sus principios y un montón de temas más… Es un tipo muy afable, que respira fútbol por todos lados.

Con pedagogía, este hombre de fútbol sostiene que “es un hecho que el fútbol va desarrollándose al recoger cosas de antaño. Un sistema compuesto por once hombres se mueve como uno quiera, con tres o cuatro atrás. Hoy se le da mucha importancia a los números, lo dice aquel que no sabe. Creo que es muy poca la gente que sabe de fútbol”.Y amplía. “Este juego lo comprenden seis aspectos: el técnico, el táctico, el físico, el sicológico, el reglamentario y el cognitivo. Cada uno de éstos tiene una importancia vital en algún momento del partido, y el táctico es el 97 por ciento de las acciones de un encuentro”.

¿Y el técnico?

Muchos dicen que la técnica es lo más importante, lo que es un error fundamental del que no sabe, porque el balón es uno solo y los jugadores son 22. Mientras no esté claro este concepto es muy difícil avanzar. Hay que darle valor también al que va de área a área, al que crea espacios, al que es bueno para marcar…

El hombre y el fútbol

Al principio de la nota apuntaste técnicas aplicadas por Luis Álamos. ¿Qué otros temas podemos encontrar en el libro “El hombre y el fútbol” publicado por tu padre a fines de los setenta?

A él le preguntaron muchas veces por el mejor equipo de nuestra historia, el Ballet Azul o el Colo Colo ’73, y nunca contestó. Siempre dijo, ‘vea mi libro y lo sabrá’. No es una obra técnica ni táctica, está absolutamente actualizada. Dice que el fútbol del futuro será la velocidad y que, metafóricamente, el pasto en Chile no se gasta por las orillas. Mi padre se adelantó, en esos años hablaba de la velocidad, de los tipos de marcación y del tema más crucial: la mente y la inteligencia, las que mandan todo lo que viene para abajo.

¿Qué dice de sus dos históricos equipos?

Que el Ballet Azul ahogaba al rival y que tenía una gran dinámica. Decía, muchos de esos conceptos salieron del básquetbol, como el pressing, la marcación individual, la metodología en espacios reducidos… El básquetbol es eso, y también el futsal por ejemplo. Habla de los dos procesos, la U inició uno de largo aliento que comenzó en divisiones menores, con equipos multidisciplinarios, asistente social, profesores, cuerpos técnicos completos…

Y el de Colo Colo fue breve, en un mes se armó el plantel y fue campeón inmediatamente el ’72. Es difícil comparar los dos sistemas porque dependen de las capacidades de los exponentes, en Colo Colo no estaba Leonel Sánchez ni Rubén Marcos y en esa U no jugaba Carlos Caszely. Eran distintos, pero con una misma filosofía y con jugadores irrepetibles. Como Francisco Valdés, a quien no lo quería ningún club, ni el mismo Colo Colo. Era medio complicado. Mi papá le dijo, ‘si me haces caso en todo te haré el mejor futbolista del país’. Y así armó un equipo en torno a él. Chamaco era el único en Chile capaz de meter pelotas desde cuarenta metros al pie.

¿Por qué apodaron Zorro a tu papá?

Por su sagacidad, porque les inventaba cosas a los jugadores. Por ejemplo, a Carlos Contreras le decía que Néstor Isella había dicho que le iba a hacer un par de túneles en el clásico con la UC. Y el Pluto, que era un endemoniado y muy fuerte, se enfurecía, quería que el partido empezara ya. Y en la cancha se comía a Isella. Eran mentiras de mi viejo, uno de los primeros técnicos que mojó la cancha. Y claro, el fútbol es una batalla, es un partido de ajedrez, hay que defender al rey y atacar al otro. No te puedes ir con todas las piezas y liberar tu defensa.

Finalmente, Roberto, ¿es tan determinante el rol de un entrenador en el resultado de un equipo? ¿O son los jugadores los exclusivos responsables del éxito o del fracaso?

Es fundamental el técnico, todos tienen una parte de la torta, pero la labor del entrenador es primordial, aunque la del jugador es la más importante… ¿Cuál es la injerencia del DT? La conducción y su aporte en el momento de los cambios, de hacer el equipo y del convencimiento. Esas cualidades ni siquiera son futbolísticas. El encantamiento que le das a tu dirigido también es muy importante. Antiguamente la tendencia de los entrenadores era ser más dictatorial, hoy es mucho más democrático porque tienen que compartir con un jugador que está viviendo la presión y el partido…

Si me preguntan por el mejor técnico que he visto, para mí es Johan Cruyff. Es una excepción porque fue un gran futbolista y un gran entrenador. Se da la regla de que los más grandes -Pelé, Maradona, Di Stéfano- no brillaron en la banca. Cruyff deslumbró en el Barcelona y en la Selección de Holanda, en la que asimiló a Rinus Michels, quien perfeccionó el pressing, el acoso, el vértigo y la polifuncionalidad. Con Michels, entendió que lo físico es sumamente importante…

Y en Chile, egoístamente creo que mi padre es uno de los mejores de la historia, junto con Manuel Pellegrini.

Roberto Álamos, con fervor, conocimientos y bajo perfil, dio a la CASA DEL DEPORTE una verdadera cátedra de una de las pasiones más grandes del mundo. Una visión apasionante y vibrante, en la que los recuerdos y la nostalgia de dos equipos inmortales nos han hecho simplemente emocionarnos. Y en la que el fútbol playa de la CIUDAD DEL DEPORTE no escapó a los conceptos de un hombre de fútbol.

Mario Ramírez Escudero