Everton 1976: El Everton 76 produjo una auténtica revolución en Viña del Mar

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Tres protagonistas y un directivo excepcional celebran un título inolvidable que llenó de gloria al deporte viñamarino hace 39 años.

Nostalgia. Reminiscencias. Alegría. Abrazos. Todas estas sensaciones vivimos la noche del viernes recién pasado, la del 27 de noviembre, en la Agrupación de ex Futbolistas Profesionales “Oro y Cielo, la que festejó su noveno aniversario de vida y también conmemoró el tercer título de Everton, conquistado precisamente el sábado 27 de noviembre de 1976. Y en esa velada en la cual brotaron momentos culmines de un año perdurable para el deporte de Viña del Mar, la CASA DEL DEPORTE se unió a las emociones de algunos de los actores de la tercera estrella ruletera.

Entreverados entre Daniel Escudero, David Henry, Sergio “Gato” Navarro, Francisco Eulogio y un numeroso grupo de figuras de diversas épocas, viajamos hasta 1976 con tres valores de un equipo sensación y revolucionario: Erasmo Zúñiga -presidente de la agrupación-, Sergio “Charola” González y Julio Núñez. Y con Óscar Padró, dirigente histórico de la Ciudad del Deporte y testigo preferente de la corona de hace 39 años como administrador del estadio Sausalito, cuyo cargo ostentó entre 1969 y 2000.

“Fue una época maravillosa en la que todos competían y en la que cada equipo tenía cinco figuras de excepción. Para conseguir el título jugamos 36 partidos en total, considerando las dos finales extras con Unión en el Estadio Nacional. En la primera empatamos a cero y la decisiva, la del sábado 27, la ganamos 3-1 con goles del ‘Negro’ (Sergio) Ahumada, Mario Salinas y José Luis Ceballos”, recuerda González, puntero derecho auriazul entre el 75 y 79, “y después entre el 82 y 84”, aclara.

“Del plantel del 75 sólo cuatro continuamos en el club, Guillermo ‘Chicomito’ Martínez, Erasmo Zúñiga, Jorge López y yo. O sea, hubo una renovación total”, amplía el nacido en María Elena que también señala: “Nuestro primer encuentro competitivo se produjo en la Copa Viña del Mar de ese año, la que nunca se había realizado. Jugamos un triangular con Unión y Flamengo. En ese momento, cuando Sausalito ya comenzaba a repletarse, empezamos a unirnos como grupo y a preparar una temporada exitosa”.

Julio Núñez, lateral izquierdo del cuadro dirigido por Pedro Morales, anota: “Yo llegué a Viña el mismo 76 procedente de Green Cross de Temuco, por petición de don Pedro, quien me conoció el 71 en Ñublense. Y me retiré acá en Everton, el 83”. Sobre Morales, clave en la conducción de una escuadra estelar, Núñez lo define como “mi segundo papá”, y “Charola” como “un señor del fútbol y como un profesional adelantado para la época”.

“Perdimos tres partidos solamente, de 36, y jugábamos de local y visita de la misma forma, siempre atacando y dando espectáculo. Y entrenábamos dos veces al día, algo no habitual en ese tiempo”, dice uno de los atacantes más queridos por la afición viñamarina. El “4” titular del cuadro campeón complementa: “No olvidamos tampoco a don Rosamel Miranda, ayudante de don Pedro que se encargó de la parte física para enfrentar largas 34 fechas”.

González no esconde el afecto recibido aún por la hinchada. “Con Carlos Cáceres luché amistosamente por la titularidad de la banda derecha, pero en Sausalito jugué más yo porque la gente me pedía”. “Era muy difícil ser titular indiscutido en ese equipo ya que todos eran de primer nivel. El ‘Mono’ Zúñiga, por ejemplo, disputó su puesto con el ‘Pavo’ (Mario) Galindo, uno de los mejores laterales de nuestra historia. Entonces, don Pedro conformó una verdadera selección”, respalda Núñez.

“Revisando el inicio del proyecto, el desafío de los directivos era lograr el título en un plazo de tres años, pero afortunadamente los resultados se dieron inmediatamente”, revela el alero. El zaguero, por su parte, acentúa respecto de esa verdadera selección: “Llegaron Ángel Brunel, campeón mundial el 71 con Nacional de Montevideo, el ‘Polo’ (Leopoldo) Vallejos y Jorge Spedaletti, subcampeones de la Libertadores del 75. Además de Ceballos, un delantero extraordinario, Galindo y Guillermo Azócar, Cáceres y Salinas, éstos tres campeones con el Huachipato 74 dirigido por Pedro Morales. Y ya con el torneo en marcha, se incorporó el ‘Negro’ Ahumada, vital en el ataque”.

“LLENAMOS SAUSALITO Y TODOS LOS ESTADIOS DEL PAÍS”  

Verdadero símbolo evertoniano, Sergio González evoca el tramo final del campeonato. “En las dos finales estuve en la banca porque me expulsaron en Temuco, en la última fecha. Pero no me sancionó la antigua Central de Fútbol, sino don Pedro, que sacaba del equipo a quienes expulsaban”. “Claro, él castigaba a los expulsados, fuera quien fuera”, expone Núñez añadiendo que “en la segunda final resultó vital el gol del ‘Negro’ Ahumada, el 1-0 parcial, porque lo anotó cuando terminaba el primer tiempo. Así nos fuimos confiados al descanso, con cierta ventaja para manejar el resto del partido”.

Y concluyendo con las añoranzas, ambos sentencian. “Para mí, que venía de afuera, fue un cambio radical. Hubo una amalgama ideal entre jugadores consagrados y entre quienes querían ser campeones”, expresa el santiaguino. Y “Charola” anota: “Repito, fue una etapa maravillosa tras una en la que con suerte teníamos un juego de camisetas. Afortunadamente nos complementamos a la perfección porque teníamos ganas de triunfar y porque nos preocupábamos de jugar nomás, dando alegrías a la gente que llenó Sausalito y todos los estadios del país”.

“Y el regreso a Viña fue impresionante, estaba llena de gente esperándonos. Llegamos a la sede de calle Viana, donde levantamos la Copa, en un camión antes de dar una vuelta hasta 15 Norte. Después, tuvimos el honor de jugar por Everton su primera Copa Libertadores de la historia”, rememoran emocionadamente.

“LA AGRUPACIÓN LA CREAMOS EN UNA FECHA EMBLEMÁTICA” 

Zúñiga comanda la Agrupación de ex Futbolistas “Oro y Cielo”, la que retribuyendo el título de 1976 dio origen el 27 de noviembre de 2006. Y no la gestó esa fecha por cosas del azar, sino por motivos sentimentales y deportivos. El propio “Mono” Zúñiga los puntualiza…

“Quise crear la agrupación en una fecha especial, la más importante de mi vida deportiva. Para fundarla hablé con ex jugadores y con don Óscar (Padró), quien con su experiencia como dirigente del fútbol profesional y amateur nos daría, sin dudas, los consejos más acertados. Y le propuse un día emblemático para nosotros”, describe el otrora zaguero lateral de Everton, “club por el que debuté en 1970 y en el cual viví de todo”.

¿A qué se refiere con “de todo”?  

Primero, nací acá en Viña y como evertoniano estuve en las más diversas instancias: ascendí dos veces a Primera División, fui campeón el 76, jugué la primera Copa Libertadores de nuestra historia… He vivido grandes experiencias y malas también defendiendo a mis colores. Y entre otras cosas, el 73 fui elegido por mis pares y dirigentes el mejor compañero, y el 82 también fui designado como el jugador más correcto de Segunda División por el Cuerpo de Árbitros de Chile.

Esta generosa labor lo satisface y le permite devolver algo a su institución…  

Absolutamente. Si esto no existiera nadie se acordaría del “Negro” (Daniel) Escudero, por ejemplo, goleador el año 64 con 25 tantos del fútbol chileno y uno de nuestros máximos goleadores históricos. Ni de David Henry, “Chicomito” Martínez, “Charola” González… De tantos y tantos. Entonces con el gigantesco apoyo de todos estos ex jugadores algo he devuelto al fútbol y a Everton principalmente. Es un orgullo darle algo a una institución que me dio la oportunidad de ser campeón y su capitán.

El “2” de uno de los equipos más recordados del fútbol chileno completa lo ya descrito por Julio Núñez y “Charola González en torno a la tercera estrella “Oro y Cielo”…

“Todo empezó el 2 de enero del 76 cuando, tras salvarnos del descenso en las últimas fechas del campeonato anterior, fuimos citados a la sede de Viana. Éramos más de treinta jugadores del 75 y quedamos cuatro en el plantel. Yo pensaba que no estaba en los planes de don Pedro Morales, pero me incorporó a última hora. Me dijo, ‘pregunté por ti y me respondieron que además eres una buena persona, eso también vale mucho en mis equipos’. Y al día siguiente comenzó el trabajo en Sausalito”.

¿Qué sintió en el camarín de Sausalito colmado de notables jugadores?

Desde el momento de haber estado en ese camarín, ya me sentía más que pagado. Claro, no había compartido uno con tantas figuras y con buenas personas también. Siempre he sostenido, las grandes personas hacen los buenos equipos. Además, nos sentimos estimulados por los premios económicos y por las comodidades que encontramos en el camarín. Entonces, con ese grupo no podíamos defraudar a los dirigentes ni menos a la hinchada.

¿Y en la cancha?

Aparte de un título esquivo desde el 52, tuve la suerte de discutir palmo a palmo el puesto con Galindo en buena lid. Todos sabemos quién era Mario en ese momento. Y después del 3-1 a Unión y de estar durante tres años disputando los primeros puestos, fui titular en la Copa Libertadores, en la cual hicimos una buena campaña en el año de nuestro debut internacional. Esos son momentos imborrables de mi carrera, desde que don Daniel Torres, campeón con el Everton 50 y 52, me llevó al club el año 70.

ÓSCAR PADRÓ, ADMINISTRADOR CAMPEÓN

Historia misma de la dirigencia deportiva de Viña del Mar, Óscar Padró Arenillas fue testigo presencial del tercer campeonato conseguido por la enseña de su ciudad natal. “Nací el 28 de noviembre de 1931, es decir, un día después del título del 76 cumplí 45 años”, revela quien fuera director del Comité Organizador Local de Viña para el Mundial de 1962. “Don Óscar” -como le llaman en toda Viña del Mar- descubre su andar como directivo y como administrador de Sausalito por un extenso período:

“Entre 1969 y 2000 fui ininterrumpidamente administrador de Sausalito, pasando por once alcaldías y pudiendo ver en él numerosos acontecimientos, como la espectacular campaña del 76. Y también fui a la final del 50, como hincha, cuando Everton ganó su primer título ante Unión Española”.

Recuerde esa temporada preciosa para Everton, Sausalito y para el deporte viñamarino…

Fue un espectáculo todo el año, y hasta el 77, 78. Cuando presentaron al equipo había más de tres mil personas en el estadio y cuando entrenaban lo hacían con muchísimo público. Fue toda una atracción y hubo un cambio total para la época: estupendos camarines, comodidades, indumentaria para cada jugador, el que llegaba con las manos en los bolsillos… Se produjo una auténtica revolución.

¿Tuvo labores como directivo?

Sí, algunas intervenciones. Por ejemplo, cuando me encargaron los traslados del equipo, siendo el más recordado el viaje a Temuco, donde se jugó la última fecha antes de las dos finales. Desde el Marga Marga salieron más de cincuenta micros hasta la Estación Central de Santiago, donde ocupamos once carros de tren para viajar al sur.

¿No debe haber sido cómoda su función en Sausalito ante tanta multitud?

No, para nada. Las asistencias eran masivas, y cuando Everton jugaba de local venía mucha prensa de Santiago y las recaudaciones eran cuantiosas. ¿Sabe cuánto público se controló para el partido contra Colo Colo? Treinta mil y una personas. Un récord. Y para el encuentro con Palestino, que era decisivo, entraron 27 mil. Se vendían diez mil entradas tres días antes de los partidos, pero había buena conducta, asistía la familia.

Fiel colaborador de la organización liderada por Erasmo Zúñiga, el respetado dirigente entrega más impresiones guardadas en su inalterable memoria. “La final del 76 está dentro de mis momentos más emotivos, como la del 50, también extraordinaria y frente a Unión. Con 19 años tuve la suerte de estar en el Estadio Nacional el día del golazo de René Meléndez, con el que Everton obtuvo su primer torneo cuando Viña tenía 92 mil habitantes.

“El día del regreso con la Copa del 76, el Regimiento Coraceros nos prestó un camión, el que se adornó para esperar al plantel en Rodelillo, donde los jugadores se bajaron del bus Verschae. El camión, en su tránsito hacia la sede del club, se encontró con miles de personas en Agua Santa, Nueva Aurora y en su paso por 8 Norte y por el Casino Municipal hasta su llegada a Viana. Había una multitud increíble, jamás se me ha borrado”.