Óscar Fabbiani: Jugar una final de Copa América por Chile en suelo argentino es mi mayor orgullo

Repasando prolijamente una carrera a todo gol, el Popeye rememora sus finales en la Copa América de 1979 y enjuicia a la Roja actual en su cuenta regresiva.

En 1955, el argentino Rodolfo Tano Almeida -figura en los primeros títulos de la UC y Palestino- fue el primer nacionalizado en jugar por la Roja una final de un Sudamericano. Ese año, enfrentó a Argentina en nuestro Estadio Nacional, donde el anfitrión perdió 1-0 en una aciaga tarde que arrojó siete hinchas muertos aplastados por una avalancha humana que no quería perderse el juego crucial de una Copa América. Veinticuatro años después, Óscar Roberto Fabbiani fue quien se calzó la roja para disputar tres finales frente a Paraguay. “El ‘Tano’ Almeida, campeón con la UC el 49 y Palestino el 55, fue un zaguero central fino, eficiente y fiero cuando era necesario”, explica Julio Salviat, periodista deportivo y profesor de redacción, a la CASA DEL DEPORTE.

¿Y cómo era el Popeye Fabbiani?

Yo era un “8” y centrodelantero que anotó desde muy niño. A los 16 años jugaba con adultos por Justo José Urquiza y en un campeonato hice 42 goles. Y si perdíamos, el dueño del club me echaba la culpa a mí. ¿Sabés quién era? Héctor Rama, suegro de Enrique Quique Vidallé, arquero que también jugó la Copa América del 79 y que inició el récord vigente de 44 partidos invicto del Palestino 77-78.

¿Cómo llegó a Chile y cuándo se nacionalizó?

El 21 de septiembre del 79 me nacionalicé por petición de don Lucho Santibáñez, técnico de la Selección, y por un cariño y agradecimiento enormes por Chile. Llegué a San Felipe en abril del 74 gracias al Tano (Salvador) Biondi, quien fue a ver delanteros a Buenos Aires. Debuté contra La Calera anotando cuatro y, tras marcar más de veinte goles en diez partidos, en septiembre ya me había contratado Palestino.

Dicen que Biondi, capitán del Everton de Viña del Mar de 1950 y 1952, tenía un ojo clínico…

Impresionante el olfato del Tano. Hizo debutar a Elías (Figueroa) y a Carlos Reinoso en Primera, además vio a Marcelo Salas cuando niño en Temuco y lo mandó a la U. Al Superman (Sergio) Vargas también lo eligió en Argentina para venir, a pesar de que los dirigentes de la U querían a Óscar Passet. Nombro a algunos nomás.

¿Es hincha de Boca, River, Independiente…?

¡Por favor…! Soy de Racing y tuve el orgullo de jugar un preliminar cuando festejó su título de campeón mundial el 67. Ese día, yo por Estudiantes de Buenos Aires junto al Tigre (Atilio) Herrera y al padre de David Trezeguet, hice un gol y mi querido club me quiso contratar. Como no me vendieron, pensé seriamente en retirarme.

Palestino no era campeón desde 1955 -con Rodolfo Almeida-, llegó usted y comenzó su etapa más dorada.

Del 74 al 79 fue una etapa fenomenal: ganamos la Copa Chile del 75 y la del 77 con don Fernando (Riera) de entrenador, el Campeonato Nacional del 78 con don Caupolicán Peña, clasificamos por primera vez a la Copa Libertadores, fui trigoleador consecutivo con 92 goles… Hubo muchos logros. Es que además había grandes dirigentes, no como algunos de hoy que me han impedido ingresar al estadio.

¿El de 1978 fue el mejor Palestino que integró?

Sin dudas porque con un equipazo coronamos un largo trabajo. Estaban don Manuel Rojas, Rojitas; Don Elías, don Sergio Messen, el Loco (Manuel) Araya, Guido Coppa, Rodolfo Dubó, el Flaco Edgardo Fuentes… Todas figuras importantes, ¡todas!, gracias a ellas fui goleador de varios torneos.

EVERTON, LA U, COLO COLO, BOCA JUNIORS, RIVER PLATE

“Tuve el orgullo de vestir la camiseta de una ciudad tan bella, la de Everton el 81, club que me trajo desde Estados Unidos. Primero viví en el Hotel O’Higgins y después en 8 Norte con Avenida Perú, una maravilla. Pero me lesioné, y el equipazo que se armó tuvo muchos problemas, incluso tuvimos como cinco técnicos: Caupolicán Peña, el Gitano (José María) Lourido, Eladio Rojas… Fue el dolor más fuerte de mi carrera. Simplemente ese año no era para nosotros a pesar del esfuerzo de la directiva”, comenta sobre su paso por la Ciudad del Deporte.

¿Fue pretendido por Colo Colo, la U…?

Firmé en la U cuando un dirigente, uno gordo, me pidió el veinte por ciento del dinero. Entonces le rompí el contrato en la cara y seguí en Palestino, donde estaba muy bien con los hinchas y con directivos extraordinarios como don Enrique Atal, don Ricardo Abumohor…. Perdoná (se emociona hasta derramar algunas lágrimas)… Esos dirigentes, una vez que mi madre estaba muy enferma, me subieron inmediatamente a un avión para ir a verla. Te cuento actos impagables que nadie sabe.

¿Y qué pasó con Colo Colo, Boca y River? ¿Fue efectivo el interés de los argentinos?

Colo Colo me llamó un montón de veces, Boca tenía plata para mí pero no para Palestino y River no me quiso pagar un quince por ciento de 450 mil dólares. Hasta (Daniel) Passarella, caudillo de River y amigo de muchos años, intercedió por el tema del sueldo. Mirá vos. Y te cuento algo muy emocionante: jugamos con Everton en Viña el 79 y todo Sausalito aplaudió porque me quedaba en Chile.

LAS TRES FINALES DE 1979: EL HONOR DE VESTIR LA ROJA

“Sólo jugué las tres finales de una Copa América en la que Chile hizo muy buenas presentaciones, como ante Colombia y Perú principalmente. Teníamos un muy buen plantel al que me incorporé sin partidos amistosos. Además, nunca vi a un Paraguay con tantas figuras en un año fenomenal para su fútbol en el que también Olimpia le quitó la Copa Libertadores a Boca en la misma Bombonera”.

¿Qué sintió cuando defendió la camiseta chilena?

Una emoción impresionante para toda mi familia y, para mí, una de las vivencias más importantes de mi vida. Agradecí todo poniéndome la camiseta roja en suelo argentino y disputando una final, mi mayor orgullo… ¿Sabés quién es Mirtha Legrand? Es una diva hincha de Racing que, cuando me nacionalicé y besé la camiseta chilena, me peló entero en su programa de televisión… Y sí, dicen que algo tuvo con Sergio Livingstone cuando el Sapo jugó en Racing (sonriendo).

¿Fue justa la derrota en la primera final disputada en Asunción?  

Merecido el 3-0, sí, y definitivo porque marcó la diferencia de goles que le dio el título al rival. El segundo partido lo ganamos 1-0 acá en Santiago, donde tuvimos un montón de oportunidades como en el desempate jugado en el estadio de Vélez Sarsfield. Así fuimos al juego definitorio con tranquilidad y optimismo a pesar del excelente nivel paraguayo.

¿Gravitó la ausencia de Elías Figueroa en la ida, en la que recibieron dos goles de cabeza?

Quién no sabe lo que era Don Elías, lo más grande que he visto acá como deportista y, ojo, como persona también. Creo que con él la historia hubiese sido diferente porque era media defensa, imponía respeto con su sola presencia y uno de sus mayores fuertes era precisamente el cabezazo.

Y en el desempate con tiempo de alargue no pudieron romper el empate a cero…

El de Buenos Aires fue un partido bravísimo y reconozco a un Paraguay muy fuerte como siempre, pero muy leal esa noche. Nosotros tuvimos las más claras opciones de anotar en 120 minutos, una de Mario Galindo y un cabezazo del Pato Yáñez en los últimos minutos del alargue contenido maravillosamente por el portero. Pero repito, nunca vi una selección paraguaya jugando a un nivel tan alto.

“PINILLA, VARGAS Y ALEXIS SON NÚMEROS PUESTOS”

¿A qué atacantes pondría sí o sí en nuestra Copa América?

A Mauricio Pinilla por su potencia, cabezazo y viveza. No es tanto con la pelota en los pies, pero también tiene lo que más le sobra, personalidad. Necesita sí un alimentador y ese es el Loco Jorge Valdivia, un volante que sólo en veinte minutos o en medio tiempo hace pases gol. Esteban Paredes ya no va, una lástima por su amplia gama de recursos y porque andaba fenómeno, y el Chico Eduardo Vargas y Alexis Sánchez son números puestos. Matías Fernández ha recuperado sus condiciones y puede aportar en ese aspecto.

¿Le ve alguna debilidad a la Selección?

¡Atrás! La estatura es importante en los defensas, necesitamos envergadura física porque los delanteros actuales son altos, potentes, vivos. Antes estaban Figueroa, Alberto Quintano, René Valenzuela… Teníamos quince centrales que nos daban garantías. Ahora no y los que tenemos ya están desgastados, como Pepe Rojas por ejemplo.

¿Y en las otras líneas? 

Con los arqueros no tenemos problemas gracias a Dios, nos sobran. En el medio, Gary Medel es un guerrero y una fiera, pero no tiene que transportar el balón. Y del medio para arriba, decía, no hay ningún problema porque tenemos dos jugadores en cada puesto si querés. Hay variantes incluso con los laterales, hasta Gary rinde ahí. El problema son los centrales.

¿Cuál es su visión de Jorge Sampaoli?

Es un motivador, como Marcelo Bielsa y don Lucho Santibáñez. Sampaoli y Bielsa llegaron revolucionando un medio al que le dieron otra impronta. Acá tenemos buenos jugadores, pero les falta esa motivación, lo que pasa notoriamente en cadetes por falta de apoyo y plata además. Hay chicos que no se alimentan bien, un tema desconocido o sin importancia para los dirigentes y técnicos. Te lo dice alguien con más de cuarenta años acá (…).

La hinchada nacional está ilusionada, pero habrá dos o tres selecciones de nivel mundial…  

Brasil, Argentina y Colombia están integradas por gran cantidad de figuras y si hablamos de favoritos, no podemos dejar afuera a Uruguay, una selección inferior a la nuestra en todo caso. Al futbolista chileno le decían pijama porque sólo rendía en casa, nunca ganaba afuera, pero eso ya pasó. Ahora seremos locales, condición que no se puede desaprovechar.

SAUSALITO, SEDE HISTÓRICA DE GRANDES TORNEOS, Y MÁS DISTINCIONES

“Muy bueno por Viña del Mar. Me parece excelente de que nuevamente Sausalito sea un estadio considerado para un campeonato de esta importancia, como lo fue para la Copa América del 91 y para el Mundial (1962). Me alegra por su ciudad y por una hinchada que en un solo año me trató cariñosamente. Sausalito siempre debe estar”, dice el hijo de Nélida Libertad Venturelli y de Juan Carlos, y hermano de diez “pibes nacidos en el barrio Saavedra de Buenos Aires”.

Con un acento trasandino que no ha sido quebrantado por más de cuarenta años entre nosotros, el también artillero de las Copas Chile de 1976, 77 y 78 -“con 17, 15 y 16 goles respectivamente”- no esconde el orgullo que lo proclamó en 1995 como el mejor foráneo de las últimas tres décadas en canchas nacionales.

“En una encuesta realizada por la revista Don Balón, más de setenta periodistas me eligieron el mejor extranjero por sobre jugadorazos como Severino Vasconcelos, el Flaco (Jorge) Spedaletti, Claudio Borghi, Marcelo Trobbiani, José Luis Ceballos, Mané (Ramón) Ponce, Néstor Gorosito, el Beto Acosta, Marcelo Barticciotto y el Tano (Nicolás) Novello entre muchos más. Es lindo ser distinguido por gente que conozco y que sabe de fútbol: Livingstone, Edgardo Marín, don Julio Martínez, Hans Marwitz, Alberto Fouillioux, Igor Ochoa, Héctor Vega, Julio Salviat, Marco Sotomayor, Danilo Díaz, Lucho Urrutia…”.

“Y mis mayores logros los ubico así: el título de trigoleador, mi paso por Palestino y mis cuatro tantos a Atlético Mineiro en la Libertadores del 78 acá en Santiago. La revista Estadio publicó, ‘para que se lo cuente a sus nietos, un chileno le marcó cuatro a un equipo brasileño’. No olvido el título del 78 porque Palestino no festejaba uno desde el 55. Otro momento inolvidable fue haber jugado en Estados Unidos por el Rowdies de Tampa junto a grandes estrellas”.

¿Cuáles?

Pelé, Franz Beckenbauer, Johan Cruyff, George Best, Johan Neeskens, Ruud Krol, el Tanque Gerd Müller, Carlos Alberto, el Nene (Teófilo) Cubillas, los paraguayos Romerito (Julio César Romero), Roberto Cabañas… En 1980, en el piso 70 de las Torres Gemelas, recibí tres de cuatro premios al lado de esos monstruos. Uno como goleador.

¿Y en esta tierra, Óscar?

En esta tierra, en la que cumplí 41 años en abril, recibí mis máximos premios. Dos hijos (Omar y Solange) de los cinco que tengo con mi mujer de siempre, Marcela Yedro, ocho nietos y un bisnieto, Mauricio. Incluso en mi casa de Argentina me dicen cuando voy,  ‘ahí viene el chileno…’. Chile me dio todo y le he entregado todo, entonces, ¡qué más puedo pedir!

Óscar Fabbiani, el Popeye, el Gol. Un 9 temible que marcó, marcó y marcó como usted quisiera. De cabeza, de tiro libre, de penal, con los dos perfiles, después de amagar y eludir a quien se le cruzara. Si no lo vio, la Casa del Deporte le puede mostrar una revista Estadio de 1978 titulando: “Un CHILENO que jugó el partido mayor de una Copa América se cansó de anotarle a un equipo brasileño”. Para que sepan sus nietos.

Por Mario Ramírez Escudero

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s