Mario Galindo: Sausalito y Viña deben tener un rol protagónico en todo tipo de acontecimiento deportivo

En ciudaddeldeporte.com, la celebrada figura de dos equipos inolvidables y subcampeona de América en 1979, recuerda al Everton 76 y pasa revista al desempeño de la Roja en su próximo reto continental.

Jamás estuvo tan cerca el antiguo trofeo cuando nuestra Selección lo perdió en 1979 en un desempate de reñidos 120 minutos frente a Paraguay. Ese año, sólo la diferencia de goles frustró un sueño largamente acariciado y una inédita consagración. El escenario fue el estadio de Vélez Sarsfield, en el que Mario Galindo Calisto y Patricio Yáñez rozaron la gloria en la paridad en blanco con los guaraníes.

Mario Enrique Galindo (Punta Arenas, 10 de mayo de 1951), columna del Colo Colo 73 y del Everton 76, evoca la acción en la que casi rompe el cero en la tercera final. “En el segundo tiempo del tiempo reglamentario me habilitó Manuel Rojas, entré al área por mi lado derecho y tiré cruzado, abajo. El balón pasó muy cerca del palo del Gato (Roberto) Fernández”. Así describe el ex lateral de dribbling penetrante la incidencia que pudo cambiar la historia. Historia que también pudo ser favorable a no mediar una felina contención de Fernández ante un agónico cabezazo de Pato Yáñez.

En su empresa pesquera Mares de Chile -ubicada en la comuna de San Miguel-, el “2” de medias abajo que deleitó con su alta riqueza técnica dialogó con la CASA DEL DEPORTE. Los dos históricos equipos que integró, el subtítulo del 79, la Copa América 2015 y pasajes de una carrera que lo convirtieron en mundialista en Alemania Federal 1974 y España 1982 fueron temas a tratar. “No me  gustan las entrevistas, me dan lo mismo, pero si se trata del deporte de Viña del Mar, hablo encantado”, admite el magallánico que saboreó tres estrellas con el Cacique y una con Everton.

¿Cómo y por qué llegaste a Colo Colo desde una lejana Punta Arenas?

Mi hermana Sonia, que era basquetbolista del club y secretaria del presidente Héctor “Aladino” Gálvez, me trajo a pasear el 68 y me probé en la juvenil cuando el técnico del primer equipo era Andrés Prieto. Y sin ninguna aspiración de ser futbolista. Se produjo un caso único, porque cuando firmé como juvenil me regalaron un auto. Y debuté el 71 jugando once partidos.

¿Siempre fuiste lateral?

En Punta Arenas jugaba de enganche, en el club Magallanes, y el 71 empecé como central. Tenía condiciones para actuar más arriba, pero el 72, cuando llegó el Zorro Álamos, pasé a la ubicación de lateral derecho.

¿Revolucionaste ese puesto en nuestro medio?

Dicen que sí… Pero antes estuvo Luis Eyzaguirre en el Ballet Azul, quien también fue dirigido por don Lucho Álamos. El hecho de que un lateral en esa época hiciera goles, llegara al fondo y pisara el área rival constantemente fue novedoso y distinto. Eso me hizo ser conocido. Digo novedoso porque uno siempre le iba marcando espacios a los delanteros, entre dos atacábamos a un defensa rival. Como lateral tienes todo el panorama.

Estando contigo resulta inevitable no hablar del Colo Colo 73. ¿Les robaron la Copa Libertadores?

Es cosa de ver las imágenes. En las dos primeras finales fuimos muy superiores a Independiente, éramos mucho más equipo, ellos eran duros, rústicos. Los arbitrajes entonces se arreglaban claramente entre los uruguayos, argentinos y brasileros, había un tema de plata y de hacer ofrecimientos. Cosas muy raras, sin dudas. Nos perjudicaron en Buenos Aires y en Santiago, en Avellaneda le hicieron un tremendo foul al Gringo Nef y acá a Carlos Caszely le anularon un gol clarísimo. Eso, con la televisión y la exposición de hoy, se hubiese cobrado de todas maneras.

¿Y los partidos con Botafogo en semifinales?

Son inolvidables. El que disputamos en Santiago fue dramático, perdíamos 3-2 y en el último minuto Leonardo Véliz marcó el empate que nos clasificó a la final. En el Maracaná ganamos 2-1 jugando muy bien, logrando el primer triunfo de un equipo chileno en Brasil. Caszely y Chamaco Valdés hicieron los goles frente a un Botafogo que también tenía un gran equipo.

No lo puedo dejar pasar: en 1983 anotaste un golazo en Valparaíso, uno de los más bellos que recuerden nuestras canchas.

Y se lo hice a Everton (se ríe)… Fue por Wanderers, ganamos 2-0. Recuerdo que sacó Óscar Wirth, recibí la pelota pasada la mitad de la cancha y, como tenía facilidad para pasar jugadores, me puse a eludir rivales. Corrí unos 60 metros con el balón. No se me dio la posibilidad de habilitar a un compañero, por eso me atreví eludiendo a cinco rivales y a Wirth. Llegué hasta dentro del arco con la pelota.

¿Quisiste seguir ligado al fútbol como técnico?

Me preparé para ser entrenador mientras estaba en Colo Colo, jugaba y al mismo tiempo dirigía divisiones menores. Hice el curso de iniciador y, junto a Arturo Salah y Manuel Pellegrini, el de monitor. El 84 me fui a Punta Arenas, adonde me fueron a buscar Peter Dragicevic y (Jorge) Vergara para ofrecerme terminar mis cursos en Francia y trabajar con Mirko Jozic. Al final no quise, me quedé en mi ciudad y partí vendiendo centollas, hasta hoy vivo tranquilo de los productos del mar. Hace quince meses volví a Santiago.

“VIÑA SE REVOLUCIONÓ”

¿Qué atesoras del Everton 76 y de tu paso por Viña?

¡Oh! Mi paso por Everton me llenó de motivación, fue muy lindo llegar a Viña y tener que demostrar que era un buen jugador. Se armó un excelente plantel, al que me llevó Pedro Morales, un papá para mí en el fútbol. La ciudad se revolucionó con el equipo, más cuando empezamos a ganar y a brindar espectáculo. El del 76 fue uno de mis títulos más bonitos, uno de los que más disfruté. Fue una pena haber estado un solo año en Viña.

Las dos finales con Unión Española permanecen, Everton no se titulaba desde 1952…

La primera se jugó un jueves y la segunda -sábado en el Estadio Nacional- fue emocionante por cómo se produjo: la ganábamos 2-0 con los goles del Negro Ahumada y Mario Salinas, y se nos complicó con el descuento de Unión. Y ya con el tanto que definió José Luis Ceballos en el minuto noventa, se desató nuestra alegría y un carnaval en Viña, donde la recepción fue más emocionante aún. Había muchísima gente esperándonos… Fue muy especial ese campeonato para mí.

¿Quién fue el mejor?

Había un muy buen plantel, Leopoldo Vallejos, Ángel Brunel, Salinas, Chicomito Martínez, el Flaco Spedaletti… Si tengo que elegir al mejor de la campaña, me quedo con Ceballos.

Tu figura creció en Viña, si bien habías sido campeón el 72 con los albos y seleccionado desde el mismo año.

El ser campeón con Everton me significó la posibilidad de ir a River Plate, club que el 76 y 77 estaba lleno de figuras. Ángel Labruna pretendió llevarme. Me llamó Alfredo Asfura y me preguntó: “¿Qué prefieres, River o Colo Colo que quiere recuperarte?” Entre Buenos Aires y Colo Colo elegí quedarme. Eran tiempos en que los laterales no se vendían, de hecho eran los más malos dentro de un equipo. Entonces fue importante el 76, incluso me casé ese año en Viña, en la que viví en 4 Norte con 2 Oriente.

SE MIRA Y NO SE TOCA

¿Qué recuerdas de las dos Copas América que jugaste?

En la del 75 nos fue mal, en nuestro grupo nos eliminó el futuro campeón del torneo: uno de los mejores Perú de la historia. En la del 79 nos desquitamos con los peruanos que mantenían un muy buen nivel, en semifinales les ganamos con dos goles de Caszely en Lima. Y Paraguay, el rival de la final, era inferior a nosotros. Sí era muy estratégico, cometía muchos fouls, paraba todos los avances. Algunos pegaban harto. Pero también tenía buenísimos jugadores, Romerito (Julio César Romero), Roberto Cabañas, el arquero Fernández…

¿Fue vital la ausencia de Elías Figueroa en el primer encuentro?

Sí. Perdimos 3-0 y dos goles fueron de cabeza en Asunción. Y no sólo por el juego aéreo… Quizás con Elías pudo haber cambiado algo la historia, la cantidad de goles que marcó la diferencia definitiva. Ese marcador nos liquidó, porque acá ganamos 1-0 solamente.

Y en Buenos Aires ni la dupla Caszely-Óscar Fabbiani pudo vencer el arco paraguayo…

Merecimos más en el desempate, tuvimos las dos principales ocasiones: mi disparo bajo que pasó muy cerca del segundo palo y el cabezazo del Pato atajado por Fernández en los últimos segundos del alargue. Paraguay llegó poco y cuando lo hizo, fue con pelotazos, sin el juego a ras de piso y colectivo que hacíamos nosotros.

CHILE Y SAUSALITO 2015

¿Gana la Roja la Copa América?

No es una tarea fácil, estarán Argentina, Brasil, Colombia, Uruguay… A ver, soy sincero y creo que mi opinión es respetable como todas. El periodismo habla de un equipo fabuloso, y los fabulosos son Alexis Sánchez, Arturo Vidal y un par más. El resto está ahí nomás. A pesar de esto, tenemos un cuadro competitivo que tiene claras posibilidades de estar en semifinales. Chile es un equipo aún descompensado, al que defensivamente le faltan jugadores y que ofensivamente sólo tiene el peso de Alexis. No está completo. A Vidal, por ejemplo, lo colocan en funciones erradas, en un puesto que le pertenece a Jorge Valdivia porque sabe jugar de espaldas y porque mentalmente es más rápido.

Vidal es más de potencia, de aparecer de atrás, de mucho despliegue… Reúne muchas virtudes. Su mejor posición está al lado de Marcelo Díaz, desde ahí llega arriba provocando daño al rival, pero en esa zona ponen a Charles Aránguiz. Ese es el lugar de Vidal -estimo yo-, aunque jugando más arriba no desentona. Pero es totalmente distinto a Valdivia, no está para crear avances como lo hace el Mago.

Prolonga tu análisis: ¿qué es lo que más te gusta de esta selección? ¿Y qué no, qué le falta?

Me gustan su agresividad y su personalidad, nuestro futbolista ya perdió la timidez, ahora juega en todos lados igual. Lo que me preocupa es la carencia de estatura física en defensa, nos falta un par de centrales que den plena seguridad más allá de que Gary Medel se las arregle bien y que maneje acertadamente los tiempos. El juego aéreo es importante -lo sufrimos nosotros en Paraguay el 79- y los balones detenidos son peligrosos cuando los zagueros son bajos. Lo otro que no me gusta o no entiendo es que Valdivia haya jugado poco en el Mundial, para mí es nuestra mejor figura; el juego tiene que pasar por él porque es el único capaz de poner pases gol. No sólo hay que correr, tener sacrificio y recuperar pelotas, también tiene que haber gallos buenos para el fútbol.

Los países a los que enfrentará Chile en su grupo no son difíciles, debería avanzar a fases importantes y ahí jugársela ante los candidatos de siempre. Ecuador podría ser un rival complicado… No sé, hay muchas ilusiones puestas en la Selección, hay harta expectación, somos locales, pero ganar la Copa América… Ojalá.

Sausalito será sede del certamen. ¿Es un justo premio para Viña y para quienes han luchado arduamente por su reconstrucción?

Sausalito y Viña deben tener un rol protagónico en todo tipo de acontecimiento deportivo, merecen tener un estadio moderno, aunque el antiguo era espectacular en sí y por su paisaje. Por los hermosos recuerdos que guardo de Everton, me parece sensacional de que tengan pronto un lindo Sausalito… ¡No! Una ciudad tan importante como Viña no puede quedar al margen de una Copa América, por su belleza, categoría y porque para todos -futbolistas, entrenadores, hinchas- siempre ha sido un agrado visitarla.

Termina el encuentro con Mario Enrique Galindo, el hombre que vino del frío para templar con su juego elegante y eminentemente ofensivo a dos cuadros que aún ocupan el alma del aficionado. Y comienza a respirarse un esquivo campeonato que la CIUDAD DEL DEPORTE recibirá por tercera ocasión. Tal como en 1920 (disputado íntegramente en Viña del Mar) y en 1991.

Por Mario Ramírez Escudero

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