Alastair Macgregor: Mi máximo orgullo fue representar al deporte de Viña del Mar en el más alto nivel

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El mayor símbolo del rugby viñamarino y nacional, conversó con CiudaddelDeporte.com. La luminaria de la

ovalada y ex alumno del The Mackay School develó todo.

 El mejor rugbista chileno de todos los tiempos es viñamarino. Si tiene dudas, lea estas líneas. “Tengo apellidos y orígenes británicos, pero soy viñamarino nato y neto. Nací en Viña, donde estudié, empecé a jugar y he trabajado gran parte de mi vida. Todo lo he hecho acá. Nací en la Clínica Miraflores (30 de junio de 1954) un miércoles lluvioso, con caminos embarrados, socavones de acceso y sin luces en las calles. Alrededor de las 23 horas”, explica ALASTAIR PETER MACGREGOR MARTIN a la CASA DEL DEPORTE. “Y después de viñamarino, me siento más escocés que inglés”, dice sonriendo un “Mr. Nice” del rugby y del deporte nacional. E internacional.

“Es un verdadero acontecimiento lo realizado por la alcaldesa Virginia Reginato, ha llegado muy lejos con su labor y con estas entrevistas filmadas que hace la Casa del Deporte. Ha hecho harto, y lo de ustedes, cubrir todo tipo de deportes, es para reconocerlo. Felicitaciones. Estoy feliz por su visita, bienvenidos”, expresa el emblema de la ovalada chilena en su cálido hogar. En el que su esposa Carmen Flores Agudo -viñamarina- y sus hijos Tomás (35), Ashley (25), Josefina (20) y Mónica (15) abandonan el living para que “el papá comparta con la CIUDAD DEL DEPORTE”.

Es lunes, 18.50 horas, y el ex 8 del Mackay y de la selección chilena estira educada y cándidamente: “Soy ingeniero especialista senior en CODELCO, en la División Ventanas. Me titulé en la Universidad Técnica Federico Santa María mientras jugaba rugby. Llegué hace diez minutos, tenía el compromiso con ustedes”.

Sentado en el sillón principal de su morada emplazada en Jardines de Paso Hondo, se apresta a hablar de un deporte vehemente y noble, y de un bello pasado que, inexorablemente, no volverá. “Estamos en la frontera con Quilpué, pero esto es Viña del Mar en definitiva. Por pocos metros”, aclara el MacGregor íntimo, refugiado en un hogar a la viñamarina.

“Mónica y Alexander -fallecidos- son mis padres. Ella nació en Cornwall, Inglaterra, y mi padre en Valparaíso. Se conocieron en la Universidad de Leeds y llegaron a Viña el ’54. Somos cuatro hermanos: John, David, yo y Richard”, completa quien fuera presidente de la Federación de Chile hace un lustro. “El 2008 y 2009 fui timonel, fue lo último que hice. Ahora estoy dedicado a la ingeniería y a la familia, pero es temporal, luego estaré de vuelta en las canchas para aportar algo importante a mi deporte”.

¿Dónde comenzó a jugar, a qué edad…?

A los nueve años, en el Colegio Mackay. Partíamos muy jóvenes a hacer deportes en el colegio, yo me dedicaba al fútbol pero el entrenador de rugby insistía e insistía para que practicara las dos disciplinas. En fútbol jugaba de mediocampista, soy hincha de Everton y a nivel nacional, de Colo Colo. Pero nunca fanático.

¿Cuáles fueron sus principales logros defendiendo al quince del Mackay y después al de Old Mackayans u Old Mack’s?

Con el primer equipo del colegio ganamos los campeonato nacionales del ’70 y ‘71, también varios encuentros internacionales y sudamericanos de la categoría juvenil. En ese tiempo comenzamos a destacar y a jugar al mismo tiempo por el colegio, los días sábado, y por los ex alumnos, Old Mackayans, los domingo en Primera División.

Usted era lock forward. ¿En qué sector de la cancha se posiciona ese medio, con qué número se mueve dentro de ella?  

Con el 8, y juega en la posición de mediocampista, en tercera línea. Es el creador, el que distribuye el juego. Ése es el concepto del hombre que ocupa el 8. En el colegio y en el primer equipo, yo jugando en ese puesto, ganamos a los grandes rivales de Santiago de entonces. Al colegio Craighouse y a Old Boys. Era muy difícil vencerlos, armamos un muy buen equipo y les hicimos grandes partidos. También a varios clubes internacionales, algunos de Buenos Aires que siempre han sido potentes.

Desde Viña del Mar brincó a la selección nacional, a los “Cóndores”…

Estuve trece años en la Selección y durante diez fui elegido su capitán. Participamos en innumerables partidos internacionales, campeonatos sudamericanos… En los encuentros internacionales actuaba como wing forward, de 7. Jugué en la alta competición hasta los 34 años, después participé solamente en partidos amistosos, ya que por mi trabajo fui trasladado a la zona norte del país.

Un viñamarino en la crema del rugby mundial

Viña, seleccionado chileno y Sudamérica XV. Otro salto connotado en su trayectoria, en el inicio de los ochenta…

Fui nominado a la Selección Sudamérica XV, que hizo dos giras por Sudáfrica. En cada expedición jugamos siete partidos y dos test contra el equipo nacional sudafricano, los Springboks. Fueron grandes experiencias. La base de nuestro combinado la formaban los “Pumas” -selección argentina-, que siempre ha sido fuerte a nivel mundial y en el que destacaban Hugo Porta, (Marcelo) Loffreda, (Rafael) Madero, Tomás Petersen, Daniel Baeti…

¿Cómo un chileno, uno solo, conformó un cuadro reservado sólo para los “elegidos”? ¿Fue un momento cumbre en su carrera junto a lo más florido del rugby sudamericano que retó a los célebres Springboks?

Los sudafricanos vinieron a hacer una gira a Sudamérica y a elegir los mejores jugadores para que compitiéramos contra ellos en su tierra. Fue el ’80 y, sí, el único chileno nominado fui yo. Es mi mayor orgullo porque no sólo representé al rugby nacional, sino también al deporte de Viña del Mar en el más alto nivel. Además de los “Pumas”, la base, había un uruguayo, un paraguayo y un brasileño… Y un viñamarino.

Se pararon frente a una superpotencia del rugby en la tierra de Nelson Mandela, alcanzando un triunfo histórico…

En un país donde se respira rugby, con estadios llenos… Jugamos diez partidos durante la gira, dos de ellos ante la selección sudafricana. Fue una victoria inolvidable, histórica, nunca un sudamericano había ganado un test allá, y fue “la” vez porque desde entonces no han podido derrotarlos en su país. Ganamos por tres puntos de diferencia. Son vivencias muy felices, se atesoran para siempre en el alma de un deportista, y qué mejor que representando a tu nación y a tu ciudad natal.

Integró un Resto del Mundo en Buenos Aires, es el EXCLUSIVO CHILENO que luce ese honor…

Sí, el ’80. Me llegó una invitación de la UAR (Unión Argentina de Rugby) para formar en esa selección mundial compuesta por figuras de Inglaterra, Gales, Irlanda, Escocia, Francia, Nueva Zelanda… Se hizo un match benéfico que fue en ayuda de la gente que sufrió con unos diluvios y temporales, hubo muchos damnificados. Jugamos en el estadio del club Ferro Carril Oeste, ante 40 mil personas. Fue un lindo partido, muy parejo, los “Pumas” nos ganaron 32-30 si no me equivoco. Un entrenador inglés me hizo jugar todo el match, los 80 minutos. Un gran recuerdo, uno de tantos afortunadamente.

“Jugué con muchos deportistas nacionales, algunos que han destacado en otros ámbitos: Andrés Allamand, el senador Jorge Pizarro, Fernando Paulsen, el ex ministro Luis Mayol… Mario Salas también jugó en mi colegio antes de ser futbolista, está famoso ahora el entrenador de Huachipato. Tuve muy buenos compañeros en la Selección, fuimos a giras. Me acuerdo de Óscar Lihn además, que después fue futbolista profesional y campeón con la ‘UC’”.

Una anécdota, Alastair: en junio de 1984 unos futbolistas de Independiente de Argentina le temían al “Chino” Lihn, especialmente Ricardo Bochini, un jugador cerebral (véalo en su pantalla). Previo al partido con la “UC” por Copa Libertadores, en un hotel, me preguntaban, ‘¿es verdad que Lihn fue rugbista, es malintencionado…? Esos son duros, se ve muy fuerte y la cancha estará barrosa, además, ¡tiene una barba!’. Hablaban del “Chivita” Lihn.

Su deporte es viril, se ve rudo, pero en él prevalecen el respeto y el juego limpio. Es caballeresco… 

Quien lo mira desde fuera ve solamente rudeza, no lo entiende, el espectador no sabe lo que pasa realmente en la cancha. Es un deporte de mucho contacto físico, indiscutiblemente, pero en él priman la lealtad y el fair play. Hay que jugar lealmente porque las posibilidades de herir a un compañero o a un rival son mayores. Es una disciplina que da valores para toda la vida: sacrificio, trabajo en equipo, fortaleza para sobrellevar las derrotas… Cuando uno se cae, tiene que levantarse aunque esté herido, hay que echar para adelante nomás.

Hace tres años Roberto “Músculo” Canessa dio una entrevista exclusiva a la Casa del Deporte. Dijo: “Integré una selección sudamericana con el viñamarino Alastair MacGregor”. Hablo del médico uruguayo que en 1972 estuvo más de 70 días extraviado en la cordillera de los Andes.

¡Qué odisea esa…! Con Roberto jugamos en la Sudamérica XV y estrechamos una amistad. Nos conocimos bastante gracias a un deporte leal, de grandes raíces y compañerismo. Ellos, los Old Christians, venían a jugar con Old Boys el ‘72. Tremenda hazaña la uruguaya, una más en su deporte, sacaron todo el resto físico y potencia mental que tienen los rugbistas. Una entereza impresionante para sobrevivir. Y un acierto el de la Casa del Deporte, no es nada fácil entrevistar a Roberto, es muy requerido.

Se recordaba perfectamente de usted, sin siquiera tocarle su nombre.

Famoso, Roberto, en todo el mundo…  Viajé al lado suyo en el avión rumbo a Sudáfrica, incluso en una ciudad dormimos en la misma habitación del hotel. Nos amistamos muy bien. Jugamos juntos en al menos un partido en el que él fue incluido, el resto de la gira participó poco. El desastre de los Andes aún era más importante para él en ese momento. Un héroe, había un respeto enorme por lo que le había pasado, nos contó toda la tragedia.

A su juicio, ¿en qué pie está el actual rugby nacional?

Ha evolucionado mucho en el mundo, cada más veloz y fuerte, pero el nuestro está estancado. No veo progresión desde el tiempo en que me tocó a mí. Logros no hay. Sé que está más masivo y que más gente lo juega, hay más entusiasmo. La técnica es buena, Chile es reconocido en esa faceta, pero no tenemos jugadores de envergadura física, falta estatura y peso. La Selección no ha escalado, no le gana a Uruguay hace muchos años, a los “Pumas” ni hablar. Ahora, Brasil y Paraguay nos compiten siendo que antes les ganábamos habitualmente.

¿Visita en los veranos el seven a side que se disputa en “su” Mackay?

Voy todos los años, me tratan muy bien, me reencuentro con mis compañeros del colegio y de los Old Mackayans. El seven es distinto al rugby 15, es muy atractivo, más bonito para el espectáculo y mucho más precioso porque se juega en el verano de Viña -debutará en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016-. Es un campeonato que ha ido creciendo notoriamente con los años, me permite encontrarme con mi gente.

¿Viña ha adjudicado encantos y alternativas deportivas en la última década? ¿Qué remarca de lo ejecutado por la Casa del Deporte en un ciclo de diez años?

Veo mucho más deporte y alternativas para el viñamarino, y para el visitante también que viene en el verano y los fines de semana. Mi hija va a la Playa del Deporte y se entretiene mucho, hace ejercicios, encuentra todas las posibilidades para hacerlo. En la costanera se ve gran cantidad de gente trotando y en todo tipo de actividad física. Se está haciendo mucho más deporte en Viña y en eso ha sido clave la Casa del Deporte, su apoyo es evidente…

La alcaldesa siempre está presente, la veo en todo el desarrollo deportivo de la ciudad. Coopera con nosotros, al rugby, a los torneos del Mackay, y el aporte que ha dado a la juventud es muy importante. La ayuda e incentiva. Está detrás de todo.

Hoy, ¿qué rugby lo hace solazarse?

El de Nueva Zelanda, de los All Blacks, ellos son los actuales campeones mundiales, título que lograron el 2011. Tienen a Richie McCaw, un tremendo 7, un excelente tercera línea. Es el capitán. Su otra gran figura es Kieran Read, el mejor 8 del mundo.

Los neozelandeses son dueños de un tradicional rito que el mundo del deporte admira. Parece que intimidan con él…   

Antes de cada match sus hombres brindan un espectáculo al realizar una especie de danza que termina con un salto. Haka se llama. Es antiguo y después de hacerlo, salen simplemente a matar a sus contrincantes (sonriendo).

Y usted, ¿es el mejor rugbista chileno de la historia?

(Sonríe tímidamente y su voz se ahoga por largos segundos) Es lo que dicen, comentan que hacía magia en la cancha. En Chile y afuera reconocen lo que me preguntas… No sé… Por lo menos fui seleccionado nacional, capitán y el único que jugó por una selección de Sudamérica y por un Resto del Mundo.

Hombre silente es ALASTAIR MACGREGOR. Llano y alejado de las vanaglorias. Y de las luces que acaparó cuando su figura traspuso confines y su presencia, sacrificada y noble, se entregó al servicio del juego excelente desde el minuto cero al ochenta. En los rectángulos de 97 por 70 metros, en los que superaba el poste por sobre el horizontal y -claro está- obtenía el premio mayor: el try, el momento culmine e iluminado del rugby.

“Encantado de tener a la CASA DEL DEPORTE por acá y cariños a Virginia Reginato, una mujer que se la ha jugado por el deporte de Viña del Mar, mi ciudad”, remata el deportista que se floreó junto a lo más selecto del rugby planetario. El Sudamérica XV y el Resto del Mundo están ahí, vivos, eternizados en la galería grande de la CIUDAD DEL DEPORTE.

Por Mario Ramírez Escudero

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