Entrevista a Jorge Valdano

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A Zamorano, un profesional impecable, el coraje le salía por los poros”

–Buenas tardes, ¿don Jorge Valdano?

–¿Quién lo busca?

–La CASA DEL DEPORTE de Viña del Mar.

–Señor Valdano, acá abajo está la Casa del Deporte de Viña del Mar –informó el conserje del hotel al teléfono y se dirigió a nosotros–. Por favor, adelante, don Jorge baja inmediatamente de su habitación.

Así fue nuestro ingreso al hotel The Ritz-Carlton de Las Condes y la cordial bienvenida de su recepcionista, que alertó a JORGE VALDANO de nuestra presencia fijada, recién, a las 23 horas de la noche anterior por medio de un diálogo telefónico.

No pasaron cinco minutos, se abrió el ascensor y de él asomó la estampa estilizada de casi 190 centímetros del campeón del mundo en México ’86 y DT del Real Madrid ’95, que tuvo en el chileno Iván Zamorano a su máxima figura. El filósofo del fútbol apareció acompañado por Eduardo Parodi -uno de sus grandes amigos argentinos-, quien, hilarante, saludó a este redactor con un “hola, Kempes, ¿cómo estás?”. La jocosidad obedecía a lo conversado 16 horas antes. Y un risueño y más que diplomático Valdano, junto con saludar, ofreció “lo que quieran” -café, soda, refresco- dando inicio a una charla sencillamente cautivante. Cuatro y quince de la tarde del martes 23 de julio, hora y día de esta entrevista en la que el hombre nacido el 4 de octubre de 1955, en Las Parejas, Santa Fe, habló vivamente para la CIUDAD DEL DEPORTE en torno a un café -como adelantó la noche del lunes-.

“Me llamo Jorge Alberto Francisco. Últimamente dos de mis nombres han cobrado más notoriedad gracias al Papa, hincha de San Lorenzo, ya que Jorge es su nombre real y Francisco, el papal. Pero soy Jorge Valdano, simplemente… Mañana doy dos charlas en el Teatro Municipal de Las Condes, una a las 9 y la otra a las 19.30. A eso vine, son charlas de liderazgo”, señala cuando ingresa al hotel Mauricio Camus, gerente del teatro y ex concejal de Las Condes, que sorprende solícitamente: “¿A cuál quieren venir? ¿A la de la mañana o a la de la tarde?” Extiende Valdano Castellanos: “Mi madre es Nélida, está viva, pero está recorriendo sus últimos meses de vida. José, mi padre, hincha de Racing, murió cuando yo tenía cuatro años. Por lo tanto no fue ninguna referencia (intelectual) para mí, soy un autodidacta. Marta, mi mujer, es española y mis hijos Jorge (33) y Naiara (28), también son españoles… Terminé mi bachiller, luego complete un año de Derecho en Rosario y cuando me fui a España, llegué a Vitoria, una ciudad que no tenía universidad. Y de ahí, sólo futbol”, marca quien fuere atacante de Newell’s Old Boys, Alavés, Real Zaragoza y Real Madrid, y técnico de Tenerife, Valencia y de la Casa Blanca”.

Si usted es un adepto incondicional al fútbol universal y al deporte, lea y disfrute a continuación -qué duda cabe- con lo que el residente de Madrid, de Los Jerónimos -“centro de la ciudad”-, confirió a la CASA DEL DEPORTE de Viña del Mar. Acomódese…

Usted debutó muy joven en Newell’s y pronto llegó al fútbol hispano…

Debuté el ’73 contra All Boys, en el último partido del campeonato de ese año. Ganamos 3 a 0, jugué los últimos treinta minutos y marqué el tercer gol. El entrenador (Juan) Urriolabeitía, El Vasco, entendió que había llegado mi turno y me dio la oportunidad. Y el ’75 llegué al Alavés.

¿Integró el plantel de Newell’s ‘74 que ganó el primer campeonato de su historia?

Sí, fui campeón pero no titular, participé en ocho partidos. Fue la primera vez en la historia que Newell’s alcanzaba el campeonato, o sea que aparecí con puntualidad. Ganamos el Metropolitano…

¿El técnico era Juan Carlos Montes, el que hizo debutar a Marcelo Bielsa y a Maradona en Primera?

Exacto, que no es lo mismo, ¿no? (ríe)… En las inferiores fui compañero de Bielsa, no en Primera. Él sólo jugó un par de partidos en Primera por Newell’s, luego fue a Instituto de Córdoba y jugó muy poco.

¿Cuándo vistió la albiceleste de su selección por primera vez?

En la selección mayor debuté en el estadio Centenario en un amistoso con Uruguay, (César) Menotti era el entrenador. Fue el año 76. Entré los últimos veinte minutos por René Houseman, metí el empate y luego el 3 a 2 final. Íbamos perdiendo 2 a 1. El otro gol lo anotó El Beto Alonso. Fue un triunfo importante porque Argentina le ganó a Uruguay después de 25 años en el Centenario. Antes, por la selección juvenil del ’75 había jugado el torneo Esperanzas de Toulon, en Francia.

En su primer Mundial, cuando Argentina defendía el título del ’78 y Maradona hacía su estreno en una justa absoluta, Valdano sólo estuvo presente en dos encuentros. En España ’82, el campeón del mundo, tras sortear con no pocas dificultades la primera fase, se encontró en la segunda con Italia -que sería el nuevo monarca- y con Brasil. Sendas derrotas con ambos marcaron un sonado fracaso, acrecentado con la expulsión de Maradona frente a Brasil en el último pleito argentino.

Triste Mundial, Jorge. En el debut, en el Camp Nou, perdieron inesperadamente con Bélgica…

Pensábamos que podíamos luchar por el título, había buenos jugadores y debutaba Maradona. El 1 a 0 con el que perdimos en Barcelona fue impensado, aunque Bélgica tenía un estupendo  equipo, una excelente generación. Estuve de suplente y entré los últimos treinta minutos por Ramón Díaz. En el segundo partido, con Hungría, ya entré como titular y a los dos minutos me lesioné. A los veinte tuve que dejar el campo y ya no jugué más porque la lesión era importante. Después enfrentamos a dos grandes equipos, Italia, que nos ganó 2 a 1, y Brasil, 3 a 1. Ese Brasil era formidable, con Zico, Falcao, Sócrates, Junior…

En México ’86 jugó los siete partidos, todos, y anotó cuatro goles. Uno de ellos en la final ante Alemania Federal tras correr ochenta metros. Fue el 2-0. ¿Tranquilizador estimando que lo marcó a los once minutos del complemento? ¿Cómo lo recuerda?

Con Alemania nunca se puede estar tranquilo… Lo recuerdo como un momento cumbre, como “el” momento cumbre de mi vida. Arranqué en área propia, me la dio (Nery) Pumpido, nuestro arquero, toqué con Maradona y el Negro (Héctor) Enrique me habilitó para tocar al segundo palo del arco alemán. Fue algo muy potente, si no hubiese servido para ganar el Mundial, habría perdido esa gran potencia. Fue también un momento de iluminación, no hay nada más grande que eso.

Respecto a ese gol, he leído una atrayente anécdota que tuvo con Marcelo Trobbiani, su compañero en México que fue campeón con Cobreloa en 1988.

Fue muy importante Trobbiani para mí, él no había jugado ningún minuto y tuvo la fortuna de ingresar los últimos tres en la final. Entró por Burruchaga. Compartíamos pieza en la concentración y, cuando perdí un gol increíble ante Bélgica en la semifinal después de que Maradona me dejó solo frente al arco, quedé muy desanimado. Conversábamos en las noches y Marcelo me daba ánimo. Yo tenía miedo de que no me pusieran en la final. Me contaba historias, me animaba y me decía que tuviera confianza porque iba a jugar y a meter un gol. Incluso, ensayábamos la celebración del gol, nos parábamos de la cama con pijama y nos abrazábamos… Cuando ves la imagen, te das cuenta de que yo corro primero hacia él y que lo indico con el dedo. Trobbiani, que tenía el número 21, entró a la cancha y nos abrazamos como lo habíamos ensayado. Inolvidable. Muchas veces lo refiero en las charlas porque simboliza un alto valor de compañerismo.

En el 3-2 de Jorge Burruchaga, el definitivo, el del éxtasis, ¿qué sintieron, qué hizo usted…?

Es muy difícil descifrar lo que se siente en ese momento. Muy muy difícil. Corrí y abracé a Burruchaga, sabíamos que era el gol definitivo, pero los pocos minutos que quedaban se hicieron interminables. Quedaban cinco. No me animaba a pensar que ya éramos campeones, porque con el 2 a 0 ya lo habíamos pensado y el fútbol nos castigó: vino el empate a dos de Alemania. El gol de Jorge fue brillante, cómo corrió y aguantó a Briegel que lo iba siguiendo. Definió con jerarquía, con una frialdad sorprendente sobre Schumacher.

Muchos comentan que Maradona ganó solo el Mundial ‘86. Usted me entiende… ¿Un disparate? ¿Qué les dice a esos detractores? Estaban Burruchaga, Enrique, Julio Olarticoechea, José Luis Brown, usted, Ricardo Giusti…

Que sencillamente tuvo una influencia decisiva y que hubiera sido muy difícil ganar ese Mundial sin Diego; y que eso lo convierte en un jugador providencial para esa selección. Maradona jugó los Mundiales de España e Italia y no los ganó, Messi el de Sudáfrica y tampoco lo ganó. Son jugadores extraordinarios que lógicamente te acercan al campeonato, pero que evidentemente, como en todo, necesitan de una estructura. Y aquel, el del ’86, era un equipo muy maduro. Había seis o siete jugadores que tres o cuatro años después ya éramos entrenadores, como Brown, Pumpido, (Óscar) Ruggeri, Burruchaga, (Óscar) Garré, Sergio Batista, Borghi, Trobbiani… Y sí, Giusti fue muy valioso, creo que fue uno de los tres mejores en México.

Zamorano en las alturas de Madrid

Iván Zamorano, en entrevista a esta Casa del Deporte, reconoció que tuvo entrenadores desleales y honestos, algunos que van de frente y que no envían al preparador físico a dar una decisión técnica. Declaró que “Vicente Cantatore y Valdano fueron súper sinceros y directos conmigo”. A propósito del “quinto extranjero”.

Me parece justo (sonríe de buenas ganas)… Aunque aquella frase haya quedado en la memoria colectiva. Eso demuestra que lo que uno dice se recuerda más que lo que uno hace, ¿no? Te hablo de Iván: en ese campeonato fue esencial, fue el jugador más regular del equipo, el máximo goleador y el que contagió el espíritu de campeón al grupo. Es un jugador de una entrega que conectó muy bien con el hincha del Real Madrid, una afición que lo perdona todo menos la falta de coraje, y a Iván el coraje le salía por los poros. Un cabeceador de los más grandes que he visto en mi vida y un profesional impecable. Además, su gol ante La Coruña nos llevó a la coronación.

Siete de enero del ’95, estadio Santiago Bernabéu… ¿Le sugiere algo ese día?  

Ese fue el día… Claro, sí, el día que le ganamos 5 a 0 al Barcelona. Importante evocación. Los días previos al partido, en la Ciudad Deportiva, donde nunca entrenábamos con menos de cinco mil personas porque ya había una euforia dentro del madridismo, existía la sospecha de que podíamos vengar el 5 a 0 que el Barcelona le había metido al Madrid la temporada anterior. Esa noche para mí fue la de la culminación en mi carrera como entrenador; ese resultado terminó con el Dream Team, se le puso la lápida a ese Barcelona que dirigía (Johan) Cruyff. Se ha dicho poco, pero es una verdad irrefutable: esa noche dejaron de ser el Dream Team. E Iván, monstruoso con sus tres goles y siendo protagonista en los otros dos.

Pasado y presente según Valdano

¿Pelé o Maradona?

Muy difícil cuando se comparan dos épocas radicalmente distintas. Los dos son genios, de éstos solemos decir que son incomparables y la palabra incomparable hay que llevarla hasta las últimas consecuencias, por ejemplo, no comparándolos (carcajea)… Siendo muy niño mi ídolo era Pelé, nunca había visto algo tan grande como él en el Mundial del ’70 con un equipo que a mí me fascinó. Yo era muy joven, pero recuerdo que era un equipo absolutamente fascinante. Y ya que hablo de cuando era niño, fui hincha de Racing por parte de mi padre. Después, hinché por Newell’s, que tenía un equipo fantástico en el sesenta e inicios del setenta. A Racing nunca lo vi, ni siquiera adentro de una cancha porque el año que estuve en Argentina, antes de irme a España, nunca me tocó jugar con ellos… Claro que Racing tiene muchos hinchas conocidos, Juan Domingo Perón entre ellos (sonríe), el ex Presidente de Argentina. Sí, conocí a Sergio Livingstone, que jugó en Racing y a quien pude encontrar en alguna entrevista por ahí.

Messi, Neymar…

¿Como sociedad o quién es mejor? (sonriendo). No, bueno… Neymar no puede competir en este momento con Messi, están en grados de evolución totalmente distintos. Neymar está saliendo del cascarón y Messi ya ha logrado cosas importantísimas, como cuatro Balones de Oro. Estamos hablando del único jugador que en la historia del fútbol ha conquistado cuatro Balones de Oro consecutivos y que, ahora, acaba de entrar en su madurez futbolística. O sea, nos queda por ver lo mejor de Messi, un jugador extraordinario que ya se ganó el derecho de que lo comparemos con Pelé y Maradona cuando estamos en la mitad de su carrera deportiva.

¿Pueden ganar el Mundial Messi y Argentina?

Messi es el máximo argumento que tiene Argentina para ganar el Mundial, pero también es la demostración de que un genio no alcanza para ganar. Va a necesitar del equipo, Argentina es muy bueno de mitad de cancha hacia adelante, pero no tiene el mismo grado de eficacia de mitad hacia atrás. Yo creo que no va a alcanzar.

¿A qué selección ve campeona en el Maracaná en julio de 2014?

Brasil, Alemania y España. Entre esas selecciones estará la lucha por el trofeo del acontecimiento más visto en la historia de la humanidad.

¿Qué equipos disfruta viendo en la actualidad? 

El Madrid por sentimiento y porque lo quiero, el Barcelona porque no lo quiero (ríe) y, a partir de este año, el Bayern Múnich porque la propuesta de Pep Guardiola me parece muy interesante. El Bayern fue el mejor claramente la temporada pasada y el Barcelona dominó el último lustro del fútbol mundial.

Pellegrini, La Roja, Sánchez

¿Fue buena -a su juicio- la campaña de Manuel Pellegrini en el Real Madrid? Usted la vivió desde adentro, como director deportivo.

No. En el Madrid cuando no se gana, no se puede hablar de buena campaña. La prensa habló de gran campaña, histórica, con récord de puntos obtenidos. Eso no basta. Ser segundo en el Madrid no tiene valor. Ahora, conociéndolo, Manuel es una gran persona y un gran entrenador. Tengo una buena relación con él, es un buen profesional que ha realizado ponderables carreras en Argentina y en España.

Chile con Vidal, Sánchez, Medel y compañía, ¿clasifica al Mundial?

Me parece que sí. Tiene muy bien orientada la clasificación, de hecho Uruguay pagaría en este momento por ser quinto, señal de que ve inabordable el paso fuerte. Chile está cómodo en la tabla de clasificación… Pero bueno, este no es un ámbito propicio para profetas, conviene mejor estar siempre con la guardia alta. Y Sampaoli es un entrenador que conoce el jugador chileno, es apasionado y, lo que es muy importante, empezó con buen pie.

¿Cómo debería andar Alexis Sánchez en el Barcelona con la sorpresiva llegada del técnico Gerardo Martino?

Llega un entrenador que le gusta abrir la cancha y Alexis sirve para eso. En su tercer año ya tiene que haber descifrado el mecanismo de juego del Barcelona y ahora lo único que parece necesitar es un punto más de confianza para ser el jugador atrevido que conocemos. En la última temporada se le vio un poco temeroso y eso ha lastrado su juego. Alexis va a tener que luchar muy fuerte por su lugar.

La doctrina Valdano

¿Por qué no siguió entrenando?

Porque no sentí eso que se llama vocación. Tengo una personalidad más bien dispersa, me gustan muchas cosas, y la labor de entrenador es para gente obsesionada que sólo enfoca al fútbol desde la mañana a la noche. Yo siempre he creído que la vida ofrece demasiadas cosas como para centrarse sólo en una.

Atleta, entrenador, literato y ahora una nueva veta. ¿Por qué da cátedras, Jorge?

Porque tengo mucha fe en el deporte como vehículo de formación, me parece que es un mundo eminentemente emocional de donde se pueden descubrir a fondo las reacciones del ser humano ante los grandes desafíos. Eso es perfectamente trasladable al mundo de la empresa, por ejemplo. Ahí hay un conjunto de patrones que son muy válidos para llegar a muchos ámbitos. Yo lo único que me había propuesto en la vida era ser futbolista, todo lo demás llego de una manera inesperada, espontánea, sin haberlo premeditado. Me siento orgulloso de lo hecho porque estuve en todos los lugares del fútbol y eso me da una perspectiva muy amplia de lo que es este fenómeno. De alguna manera todo lo ocurrido es coherente con mi personalidad, furiosa, inquieta, que le gusta meterse en todas las puertas, investigar y ver fútbol desde una tribuna muy amplia.

Viña, CIUDAD DEL DEPORTE

¿Qué sabe de Viña del Mar? ¿Ha estado alguna vez en ella?

Sí, sí he estado. No sé bien, hará seis o siete años que estuve en Viña. Recuerdo que fui también a Valparaíso, a la casa de Neruda. A Viña fui a comer con mi mujer, queríamos conocer todo aquello y fuimos por el día. Me gustó mucho, me habían hablado muy bien de la ciudad, de todos sus encantos. En esos días me prometí volver, pero lo que pasa es que luego la vida decide por uno.

El Festival de la Canción, por ejemplo, ¿lo conoce?

Claro, eso lo sé desde que era pequeño. Hay dos festivales de los que tengo recuerdos de infancia, San Remo y Viña del Mar. Sé que vienen artistas de resonancia internacional y que es un acontecimiento que congrega una numerosa multitud.

¿Qué mensaje remite a los niños futbolistas y deportistas de Viña del Mar? Su arenga…

Que utilicen el fútbol como un elemento de diversión, el juego ha nacido para escapar de la realidad y para hacernos a todos un poco más felices. Eso, además, nos enseña a vivir muchísimo mejor. Para que el juego sea una enseñanza de vida, hacen falta profesores y no entrenadores. Eso es cada día más difícil de encontrar.

Jorge Alberto Francisco, como el Papa. Jorge Valdano, simplemente. El deportista espigado que trascendió más allá del fútbol. Mucho más. El delantero que, antes de sus veinte años, llegó a España para -previo paso por dos clubes- encantar a una afición “que te perdona todo menos la falta de coraje”. A la que le dio dos ligas y dos Copas UEFA dentro de la cancha y, con el chileno Zamorano, una estrella nacional como entrenador. Un título conquistado la noche del sábado 3 de junio de 1995, en el viejo estadio de Chamartín, donde Iván, luego de controlar el balón con su pecho, fusiló con el alma al arquero de La Coruña para el 2 a 1. Campeón y pichichi, un grito que se oyó tan clamoroso en Chile como en el crepúsculo del Bernabéu.

Antes del adiós y sin ningún ademán de divo, el entrevistado que tocó el cielo en el Azteca de México anotando un gol en la final y ganando la Copa de Copas, posa para el flash de Julián, nuestro fotógrafo, y autografía para la CIUDAD DEL DEPORTE el prólogo del libro “Memorias de un periodista deportivo”. La obra escrita por Héctor Vega Onesime, en la que luce la pluma de Jorge Valdano en su prefacio. “Dale saludos a Héctor, él fue importante en mis inicios, siempre me ha tenido una gran consideración. Héctor el ’75 habló con Menotti en el estadio de Racing para decirle que me llamara a la selección juvenil que ganó el torneo Esperanzas de Toulon. Menotti casi ni me conocía. Ganamos la final 1 a 0 a Francia y el gol lo hice yo… Lo mejor para el deporte de Viña, para sus cultores, habitantes, para todos. Pasamos un grato momento charlando de cosas importantes de mi vida profesional, ¿no? Eso lo valoro. Gracias por este encuentro a Viña del Mar, ojalá la vida me lleve pronto a esa bella ciudad. Nos vemos a la noche en la televisión (TVN), estaré con Iván, y mañana en la charla”, concluye un dechado de garbo tras consagrar cuarenta minutos a la CASA DEL DEPORTE DE VIÑA DEL MAR.

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Por Mario Ramírez Escudero   

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