Jorge Toro: “Los mejores jugadores de Chile ’62 fueron Jaime Ramírez y Eladio Rojas”

A los maestros Sergio Livingstone Pohlhammer y Julio Martínez Pradanos

Hace cuatro meses, el 30 de mayo, se cumplió medio siglo del inicio de la fase final del VII MUNDIAL DE FÚTBOL COPA JULES RIMET CHILE 1962. El quincuagésimo aniversario de ese acontecimiento que conmovió al país no puede quedar fuera de las páginas de la CASA DEL DEPORTE de Viña del Mar. No rememorarlo, sería una ofensa a LA HISTORIA QUE SE SABE, SE ADMIRA Y SE RESPETA AUNQUE NO SE HAYA VIVIDOVIÑA, CIUDAD DEL DEPORTE homenajea, entonces, una gesta nacional realizada dos años después de un devastador movimiento telúrico registrado el domingo 22 de mayo de 1960, a las 15.11 horas, en las cercanías de Valdivia. De uno tan inverosímil y dantesco, del más poderoso de la historia de la Humanidad que alcanzó los ¡9.5 grados en la escala de Richter! “El Gran Terremoto de Chile” impedía la organización de la justa, adjudicada en junio de 1956 en Lisboa, después de que el dirigente Carlos Dittborn Pinto inmortalizó la célebre y mitológica frase Porque nada tenemos, todo lo haremos”. Sin embargo, nuestro país albergó la cita mayor del balompié desde el miércoles 30 de mayo, representado por un plantel de 22 deportistas liderado por el influjo de Fernando “Tata” Riera Bauzá, e integrado por JORGE LUIS TORO SÁNCHEZ. Ese día, El Equipo de Todos ingresaba al Estadio Nacional para enfrentar a Suiza en el estreno del Grupo B y para dar comienzo a, legó SERGIO LIVINGSTONE, un desempeño morrocotudo.

Gustando sorbos de café italiano en el hogar de Jorge “Chino” Toro, situado en la Avenida Egaña de la comuna de La Reina, iniciamos a evocar un suceso, “El Milagro de Chile”, que aún remueve y excita las fibras sentimentales. Antes, el ex volante lírico y romántico, figura claveen el andamiaje de La Roja y primer chileno que jugó en el linajudo Calcio italiano (antes que Hugo Rubio, Zamorano, Salas, Pizarro), declara: “Nací en Santiago el 10 de enero de 1939, en la comuna de San Miguel, en calle Sierra Bella. Fui el séptimo hijo de diez, ocho mujeres y dos hombres tuvieron mis padres Aurora y Joaquín. En 1960 me casé con Matilde Martínez, tuvimos dos hijos, ‘Giorgio’ (52) y Jessica (51). A Jorge siempre le hemos dicho Giorgio. Ellos nos han dado cuatro nietos y una bisnieta, Bárbara, de siete meses”.

Don Jorge, usted se formó en las inferiores de Colo Colo. ¿Cuándo llegó a la tienda popular?

El año 52 me probé y el ’58 debuté en Primera. Después, el ’71, volví al club luego de jugar en Italia. En 1960 fui campeón con Colo Colo y el ’73, con Unión Española. Ese año jugué la Libertadores contra Colo Colo, cuando nos ganaron 5-0 con un golazo de Caszely, uno de los mejores goles que he visto.

La primera vez que Pelé vino a Chile (15-4-1959), dicen que a usted le cupo una notable actuación. “O Rei”, un año antes, fue campeón mundial en Suecia con menos de 18 años… 

Ganamos 6-2 al Santos, un equipazo. Hice tres goles, ¿pero sabes?, no quedé satisfecho con mi actuación. Claro, anoté tres, pero no jugué tan bien como la gente recuerda. Quien sí jugó muy bien fue Mario Moreno, “Superclase”. Él fue la figura. Juan Soto, “El Niño Gol”, marcó dos y el otro, (Enrique) “Cua Cuá” Hormazábal. Pelé no anotó esa noche.

¿Cuándo se fue a Italia? Fue el primer chileno que defendió a un club de ese país…

A fines de julio del mismo ’62 me fui, me contrató la Sampdoria de Génova. Estuve tres meses solo allá, hasta que llegó mi señora con Giorgio y Jessica siendo guaguas. Después jugué por el Módena y Verona. Me fue bien, estuve en un fútbol difícil, defensivo, en el que había muchas figuras de nivel mundial.

Después de regresar a Colo Colo el ’71, ¿qué camisetas vistió?

La de Unión (Española), Concepción el ’74, donde el técnico era Néstor Isella y su ayudante Vicente Cantatore. El ’75 jugué en Audax y el ’76 terminé en La Serena. ¿Qué es de Vicente? ¿Sigue en Viña, en el Samoiedo? Con él e Isella, después de entrenar, jugábamos dominó en Concepción. Lo pasaba muy bien con ellos, muy caballeros ambos.

Está bien don Vicente. Al mediodía lo encuentra en el café Anayak, y en las tardes, jugando dominó en el Stadio Italiano de Recreo, en Viña, donde reside desde 2000… Cronológicamente, ¿los mejores “8” clásicos han sido Cua Cuá Hormazábal, usted y Francisco “Chamaco” Valdés?

Creo que sí, y los tres éramos de Colo Colo. Cua Cuá, que era extraordinario, antes del Mundial habló con don Fernando para integrar el plantel, pero lo descartó porque no confiaba en su carácter y disciplina. Después de Chamaco apareció Carlos Rivas, el “Pepa”, y últimamente Jorge Valdivia. Te hablo de lanzadores. Cua Cuá, Chamaco y yo usábamos las dos piernas, aunque yo era derecho… El que me impresionaba por cómo le pegaba con ambos pies era el inglés Bobby Charlton, y de ahora, el uruguayo Forlán.

¿Cómo era Fernando Riera?

Casi no hay palabras para calificar a don Fernando, un gran entrenador y persona. Tuvo una trayectoria internacional extraordinaria. Era serio, estricto, muy disciplinado y con un humor muy particular. Era un poco “cuico” (ríe), de un buen nivel social. Es el único entrenador chileno que ha disputado una final de Europa, de la actual Champions. El año 63, dirigiendo al Benfica de Portugal enfrentó al Milán.

Alguna anécdota con el DT que fue compañero de Livingstone en la UC del ’49 y en la Selección del ’50, en el Mundial de Brasil…

Manuel Astorga, uno de los tres arqueros del plantel, tiró un petardo a la pieza de don Fernando el día que le ganamos a Yugoslavia. Fue en la noche, cuando volvimos a la casona donde estábamos concentrados. Después nos invitó a comer al restaurant El Parrón, ahí se acordó de la broma y preguntó quién había sido (ríe Il Signore Toro).

Dentro de un grupo de 22 muy unido, ¿quién era su mejor amigo?   

Éramos bien unidos los 22, cierto, pero mis mejores amigos eran Mario Moreno y Leonel (Sánchez). Nos conocíamos desde muy jóvenes. Con Mario compartí desde mis inicios en Colo Colo, me dio muchos consejos, y con Leonel desde el barrio. Él vivía en la Población Chile, en Sierra Bella. En la casona donde estábamos concentrados, en Colón con Hernando de Magallanes, dormíamos en camarotes. En mi pieza había seis, Misael Escuti, Moreno y yo, que éramos de Colo Colo; y el (Carlos) “Pluto” Contreras, Sergio Navarro y Leonel, los tres de la “U”. Tres meses antes del Mundial nos concentramos, los familiares iban a vernos. Sólo salíamos a entrenar a Juan Pinto Durán, además caminábamos e íbamos al Bim Bam Bum.

El Mundial lo jugó con un par de botines muy especial, con el derecho se matriculó con golazos a Italia y Brasil…

Sí, curioso. Tenía dos pares y elegí el mejor derecho y el mejor izquierdo. Eran número 40, marca Alonso, y todos los partidos se jugaron con balones “Crack”. Mira, acá los tengo (va a buscar los botines, su inseparable reliquia y tesoro, que quedan sellados en nuestro archivo gráfico). No, el tiro libre a Brasil no me lo devolvió Leonel, son cosas que se van inventando. Dicen que su gol en Arica, lo iba a tirar yo y que él me lo pidió. Fue un tiro libre desde la izquierda sin ángulo, que era para tirar un centro. Pero Leonel hizo lo ilógico, le pegó a tres dedos como se dice ahora; Yashin no esperaba el tiro al arco.

Jorge Toro, designado por Fernando Riera para lucir la “8” de la Selección, tras ser descartado Cua Cuá Hormazábal pese a las críticas del periodismo contra el entrenador, refiere que “en marzo de 1961, en un amistoso, enfrentamos a Alemania Federal acá en Santiago. Ese fuemi mejor partido de todos los que jugué por Chile, entre el ’59 y ’72. Ganamos 3-1, Leonel hizo dos goles y uno Eladio Rojas. Alemania era muy fuerte, tenía casi los mismos jugadores que trajo al Mundial, en el que nos ganó 2-0. Hice un gran partido (exhibe a la CASA DEL DEPORTE un trofeo inscrito con el rótulo ‘A Jorge Toro, Mejor Jugador del Partido. Asociación Central de Fútbol, ACF. 26 de Marzo de 1961’)”. También aportó con su visión de juego y rica experiencia desde diversos bancos: “Fui entrenador de varios clubes, La Calera, Wanderers, Iquique, Cobreloa… Mi mejor momento fue el ’85, año en que fui campeón con Cobreloa. Dirigí al (Jorge) ‘Chicho’ García, gran jugador y excelente muchacho. Yo lo pedí  porque lo conocí cuando lo tuve en Wanderers el ’79, ’80. Y a mí, para llegar a Cobreloa, me recomendó Vicente Cantatore. Él habló con los dirigentes antes de irse a España”.

¿Qué sintieron el 30 de mayo de 1962? ¿Había nerviosismo antes del debut versus Suiza? A las 14.54 horas entraron a la cancha del “Elefante Blanco” y a las 15.7 comenzó el juego inaugural…

Más que nervios, estábamos ansiosos. Suiza era defensiva, el famoso Cerrojo Suizo. Nos hicieron el 1-0 antes de los diez minutos, pero estábamos tranquilos, teníamos la seguridad de que no era tan difícil. Al final del primer tiempo, Leonel empató y como a los quince minutos del segundo, hicimos el 3-1 final. Leonel hizo dos y Jaime Ramírez el tercero. A las tres empezó el partido, y en Viña, Rancagua y Arica también jugaron a la misma hora.

Abierto el Cerrojo Helvético, enfrentaron al candado, al Catenaccio Italiano. Fue una “guerra” ese 2 de junio, día en el que Pelé se lesionó en el Sausalito de Viña del Mar…

Se despidió del Mundial Pelé, no se recuperó, pero igual fue campeón Brasil… Sí, catenaccio significa candado en español, por lo súper defensivo que han sido siempre. Italia era potencia mundial, fue el partido conocido como “La Batalla de Santiago”, durísimo, con mucho roce. Poco antes, supimos que no jugaban Enrique Sívori, argentino nacionalizado, y Gianni Rivera, que tenía menos de veinte años y ya era crack. El golpe de Leonel a Mario David fue más evidente pero no tan fuerte, fue más duro el que le dio al “Bocha” Maschio, que no se notó porque había muchos jugadores tapándolo. Le quebró el tabique nasal. Ganamos 2-0, Ramírez marcó el primero y yo, faltando cinco minutos, anoté el segundo desde unos 20 metros. Claro, fue un derechazo abajo, en el arco sur.

¿Qué pasó con Alemania?

Ese fue mi mejor partido, digo así porque no lo jugué. Estaba lesionado. Perdimos 2-0 ante un gran equipo, muy fuerte, y como terminamos segundos en el grupo, tuvimos que ir a Arica a jugar con la Unión Soviética. Me acuerdo bien de quienes nos hicieron los goles, Uwe Seeler y Horst Szymaniak.

Unión Soviética en Arica, ¡qué partido, don Jorge! El del relato de JULIO MARTÍNEZ y su perdurable Justicia Divina cuando el golazo de Leonel… 

Otra gran potencia los rusos, en ese momento eran campeones europeos. No llegamos mucho al arco rival, Rusia fue el más complicado junto a Brasil. Julio Martínez dijo Justicia Divina porque el tiro libre de Leonel, cobrado fuera del área, había sido un claro penal a Armando Tobar. El de Eladio, el 2-1 final, también fue golazo. Fuerte, abajo, muy difícil para Yashin.

Tras el triunfo en Arica, la recepción en Santiago fue apoteótica. El siguiente rival, en semifinal, era el Scratch, el campeón mundial…

Fue impresionante la bienvenida que nos dieron. Es que fue un triunfo muy importante y difícil, nos costó mantener el 2-1 ante los soviéticos. Con Brasil estábamos motivados, pero nos topamos con un equipo fuera de serie que, además de Garrincha, tenía a Vavá, Didí, Zito, Amarildo, Zagallo… Nos ganaron 4-2, yo de tiro libre marqué cuando perdíamos 2-0, y Leonel anotó el 2 a 3. Y en los últimos minutos, expulsaron a Honorino Landa y a Garrincha.

El suyo también fue un golazo, “la puso como con la mano”…

(Ríe) Fue un lindo gol, la puse al primer palo, arriba. Gilmar voló pero no pudo llegar. No le pedí el tiro libre a Leonel, yo lo pateé porque estaba para un derecho, cargado hacia la izquierda de nuestro ataque. Te decía, eso de que Leonel me pidió el tiro en Arica y que esta vez me lo devolvió, son cosas que van naciendo con los años. Ya van cincuenta.

¿Cómo llegaron al memorable sábado 16 de junio? Ese día animaron la disputa por el tercer puesto…

No muy bien, con algunos lesionados y suspendidos. Yo fui el capitán contra Yugoslavia porque Sergio Navarro era uno de los lesionados. Jugamos con cuatro suplentes, el arquero Adán Godoy, el “Chita” (Humberto) Cruz, Manuel Rodríguez y Carlos Campos. Afortunadamente, Eladio Rojas nos dio el gol cuando el partido ya terminaba, porque si íbamos al alargue, nos hacían cinco. Es que terminamos con varios jugadores resentidos.

¿Qué hicieron después de obtener la tercera ubicación y de dar una vuelta olímpica vitoreada por setenta mil pañuelos albos?  

Nos fuimos a nuestras casas un rato y volvimos a la concentración, al día siguiente debíamos ir a ver la final entre Brasil y Checoslovaquia. En la noche, salimos un rato a comer algo a un local que estaba en Apoquindo, cerca del Stadio Italiano. Comimos pollo y papas fritas, todo regalado. La gente que nos vio se volvió loca, fue muy emocionante e inolvidable. Nos tirábamos los huesos de los pollos y las papas. Nos volvimos niños.

¿Qué beneficio reciben por el tercer lugar?

Recibimos una pensión del Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle y hace poco el Presidente Piñera anunció que nos dará otra. El departamento que nos regaló el Presidente Jorge Alessandri, que está en la Villa Olímpica de Ñuñoa, lo permuté por una casa en la playa, en El Quisco. Cuando El Quisco era bueno, ahora ya no es tan tranquilo, está más popular. Y la ANFP, junto con sus clubes, nos entregará un bono mensual de 385 mil pesos.

Para usted, ¿quién fue el mejor futbolista chileno del campeonato?

Se habla mucho de Leonel, anduvo muy bien y fue uno de los goleadores del campeonato, pero para mí los mejores fueron Jaime Ramírez y Eladio Rojas. Jaime jugaba en diferentes posiciones, incluso en el partido que yo no jugué, contra Alemania, él ocupó mi puesto. Pero Leonel dice que él fue el mejor (ríe).

¿Garrincha fue la máxima figura del torneo?

Sí, fue el mejor, sin ninguna duda. Él ganó el torneo para Brasil. Cuando Pelé se lesionó en Viña, ahí apareció la gran calidad de Garrincha. Y en Viña también surgió otro jugadorazo, Amarildo, el reemplazante de Pelé.

“Agradezco a la alcaldesa Virginia Reginato y a Javier Aravena, director de la CASA DEL DEPORTE de Viña, por recordar estos cincuenta años de algo tan importante para mí, compañeros, dirigentes y para don Fernando Riera (1920-2010). Sinceramente, no recuerdo que la Municipalidad de Viña nos haya hecho una entrevista por lo del ’62. No creo, tengo buena memoria. Gracias a Viña, saludos a Javier y muchos éxitos para la alcaldesa Reginato”, concluye Jorge Toro, hombre apacible, entrañable y dueño de una encomiable memoria. Como las de Livingstone y Martínez.

Con el acierto postrero de Eladio Rojas -el “6” de Everton de Viña del Mar-, merced a un disparo desde treinta metros que no pudo contener el portero balcánico Milutin Soskic en el arco norte del Nacional, cayó un telón y nació una leyenda. Un renglón del deporte nacional escrito con letras doradas, que abrazó a un país entero durante 18 días alzándolo en el epicentro de la Tierra. Pelé, Mané Garrincha, Charlton, Puskas, Di Stéfano (lesionado, en una butaca del Sausalito), Yashin, Masopust, Sekularac, Leonel, Ramírez, Eladio, Jorge Toro paralizaron Santiago, Rancagua, Arica y Viña del Mar, desde cuyo estadio -El Tranque hasta febrero de 1960- emergieron los dos finalistas: Brasil y Checoslovaquia. VIÑA, CIUDAD DEL DEPORTE se une por estas líneas a la conmemoración del cincuentenario de una edición, la séptima, del suceso deportivo más trascendente del mundo. Que el 28 de abril, ¡a sólo 32 días de su apertura!, sufrió la muerte de Carlos Dittborn, el artífice, motor y mosquetero de apenas 41 años. Valor preponderante en el tramado del representativo nacional fue Jorge Toro, el selecto conductor que rubricó dos genialidades para dejarlas impresas en la memoria colectiva de una nación que se detuvo hace media centuria… La historia se sabe, se admira y se respeta aunque no se haya vivido.

Por Mario Ramírez Escudero

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